miércoles, 23 de diciembre de 2009

ALBERTO CAEIRO: EL PASTOR Y SU SUEÑO DE LA EXTRAORDINARIA HISTORIA DEL NIÑO JESÚS



El pastor, el mestre Caeiro, aquel "metaphysico á grega", es decir, aquel presocrático, pero sin Grecia, aquel místico sin Dios y sin dioses, aunque rodeado de todo lo divino, esto es, de las cosas, condujo sus rebaños -pensamientos que son sensaciones- más allá de lo pensable, hacia la realidad.


Desde su aldea, "tan grande como cualquier otra tierra / porque yo soy del tamaño de lo que veo / y no del tamaño de mi estatura...", viviendo "... en la cima de un otero / en una casa encalada y solitaria...", este hombre al que habríamos querido conocer con toda nuestra alma, guarda sus rebaños, los desplaza por las veredas montañosas de las provincias del norte de Portugal, mientras siente en él "... correr la vida como un rio en su lecho / y fuera un gran silencio, como de dios dormido".


En su diario, reunido bajo el nombre de O Guardador de Rebanhos -ese libro que "não é d´elle: é elle", como dijo Guedes-, contó un sueño, con esa característica "prosa dos meus versos".


Ha dicho algún crítico que esta obra es una parodia del cristianismo. No estoy de acuerdo. Hay desde luego un juego paródico, una trangresión al código, pero eso sólo es lo epidérmico. Late en él una verdad última que quisiera ver como la razón última del credo nazareno: fraternidad, caridad, piedad.


En ese sueño veo cumplirse de forma extraordinaria la "kénosis" de la que habló Pablo a los Filipenses: un vaciamiento de sí mismo, de su divinidad, que es la búsqueda del límite de lo divino y del límite de lo humano. Y en esa frontera, que es tierra de nadie y es tierra de todos, vive el pastor y su rebaño, y en él -con él- ese Niño Jesús que es Eterna Criatura.


Aquí les dejo mi traducción del poema de Caeiro, y, al final, un video que recoge la recitación del original en portugués, por la magnífica Maria Bethânia, deseándoles una Feliz Navidad:




En un mediodía de finales de Primavera
tuve un sueño como una fotografía.
Vi a Jesucristo descender a la tierra.
Lo vi por la ladera de un monte
vuelto otra vez niño,
correr y rodar por la hierba
arrancando flores para lanzarlas
y riendo de tal modo que se le oyera a lo lejos.
Había huído del cielo.
Era demasiado nuestro para fingir ser
la segunda persona de la Trinidad.
En el cielo todo era falso, todo en desacuerdo
con las flores y los árboles y las piedras.
Siempre tenía que estar serio en el cielo
y de vez en cuando volverse hombre otra vez
y subir a la cruz, y estar siempre muriendo
con una corona rodeada toda de espinas
y los pies fijados con un clavo trabal,
y hasta con un trapo alrededor de la cintura
como los negros de las ilustraciones.
Ni siquiera le dejaban tener padre y madre
como a las otras criaturas.
Su padre era dos personas
un viejo llamado José, que era carpintero,
y que no era su padre;
y otro padre que era una paloma estúpida,
la única paloma fea del mundo
porque no era del mundo ni era una paloma.
Y su madre no había amado antes de tenerlo.
No era mujer: era una maleta
en la que él vino del cielo.
Y querían que él, que sólo nació de madre,
y nunca tuvo padre al que amar con respeto,
predicase la bondad y la justicia.
Un buen día que Dios estaba dormido
y el Espíritu Santo andaba en sus vuelos,
fue a la caja de los milagros y robó tres.
Con el primero hizo que nadie supiera que había huido.
Con el segundo se creó eternamente humano y niño.
Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz.
Y lo dejó clavado en la cruz que hay en el cielo
y sirve de modelo a otras.
Después huyó hacia el Sol
y descendió por el primer rayo que cogió.
Vive hoy en mi aldea conmigo.
Es una criatura risueña y natural.
Se suena la nariz con el brazo derecho,
chapotea en los charcos,
coge flores, goza de ellas y las olvida.
Tira piedras a los burros,
roba las frutas de las huertas
y huye llorando y gritando de los perros.
Y, porque sabe que a ellas no les gusta
y que hace gracia a la gente,
corre detrás de las muchachas
que van en grupos por los caminos
con los cántaros en las cabezas
levantándoles las faldas.
A mí me enseñó todo.
Me enseñó a mirar las cosas.
Me señaló todas las cosas que hay en las flores.
Me mostró cómo las piedras son preciosas
cuando la gente la tiene en su mano
y las mira con paciencia.
Me habla muy mal de Dios.
Me dice que es un viejo estúpido y enfermo,
siempre escupiendo en el suelo
y diciendo indecencias.
La Virgen María pasa las tardes de eternidad haciendo calceta.
Y el Espíritu Santo se rasca con el pico
posándose en las sillas y ensuciándolas.
Todo en el cielo es estúpido como en la Iglesia Católica.
Me dice que Dios no entiende nada
de las cosas que creó
”Si es que las creó, cosa que dudo”.
“Él dice, por ejemplo, que los seres cantan su gloria,
pero los seres no cantan nada,
si cantasen serían cantores.
Los seres existen nada más,
y por eso se llaman seres.”
Y después, cansado de hablar mal de Dios,
el Niño Jesús se adormece en mis brazos
y lo llevo en hombros hacia casa.
…...............................


Él vive conmigo en mi casa en mitad del otero.
Él es la Eterna Criatura, el dios que faltaba.
Él es lo humano que es natural,
es lo divino que sonríe y bromea.
Y es por eso por lo que sé con toda certeza
que él es el Niño Jesús verdadero.
Y la criatura tan humana que es divina
es ésta, mi cotidiana vida de poeta;
y es porque anda siempre conmigo por lo que soy siempre poeta.
Y por lo que mi ínfima mirada
me sacia de sensación,
y el más debil sonido, sea de lo que fuere,
parece hablar conmigo.
La Nueva Criatura que habita donde yo vivo
me da a mí una mano
y la otra a todo cuanto existe
y así vamos los tres por el camino que fuere,
saltando y cantando y riendo
y gozando de nuestro común secreto
que es el de saber en cualquier parte
que no hay misterio en el mundo
y que todo vale la pena.
La Eterna Criatura me acompaña siempre.
La dirección de mi mirar es la de su dedo señalando.
Mi oído atento alegremente a todos los sonidos
es las cosquillas que me hace, divirtiéndose, en mis orejas.
Estamos tan bien el uno con el otro
en compañía de todo
que nunca pensamos uno en otro,
mas vivimos juntos los dos
con un íntimo acuerdo
como la mano derecha con la izquierda.
Al anochecer jugamos a las cinco piedrecillas
en el escalón de la puerta de casa,
graves, como conviene a un dios y a un poeta,
y como si cada piedra
fuese todo un universo
y fuese por ello un gran peligro para ella
dejarla caer al suelo.
Después le cuento historias de las cosas de los hombres
y él sonríe, porque todo es increíble.
Ríe de los reyes y de los que no lo son,
y tiene pena de oir de las guerras,
y de los negocios, y de los navíos
que se tornan humo al aire de los altos mares.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
que posee una flor en su florecer
y que va como la luz del Sol
variando los montes y los valles
y haciendo que los muros encalados duelan en los ojos.
Después él se adormece y lo acuesto.
Lo llevo en hombros hacia casa
y lo acuesto, desvistiéndolo lentamente
y como siguiendo un ritual muy limpio
y en todo maternal, hasta quedar desnudo.
Duerme dentro de mi alma
y a veces se despierta de noche
y juega con mis sueños.
Pone patas arriba a unos,
coloca unos encima de otros
y aplaude a solas
sonriendo a mi sueño.
…............................


Cuando yo muera, hijo mío,
que sea yo la criatura, el más pequeño.
Cógeme en hombros
y llévame hacia dentro de tu casa.
Desnuda mi ser cansado y humano
y acuéstame en tu cama.
Y cuéntame historias, si me desvelo,
para tornarme a adormecer.
Y dame tus sueños para que juegue
hasta que nazca en cualquier día
que tú ya sabes cuál es.
…...................................


Ésta es la historia de mi Niño Jesús.
¿Por qué razón que se comprenda
no ha de ser más verdadera
que todo cuanto los filósofos piensan
y todo cuanto las religiones enseñan?




lunes, 14 de diciembre de 2009

BERTA PIÑÁN: ÑEROS DE LLUME Y SIMIENTE

"Siento el camientu de lo etenro que fai ñeros de llume y simiente", dicen unos versos de un extraña y candente voz astur, la de Berta Piñán, en su poemario Al abellu les besties. Una voz que es temblor y maravilla. Una voz de esa segunda generación del movimiento cultural, lingüístico, conocido con el nombre de "Surdimientu", en la que se aúnan, a la de Piñán, las voces de Xuan Bello, Antón García, Lourdes Álvarez o Pablo Antón Marín.
De su primer poemario traduzco este poema:







MITOLOGÍA

Este aire que ensambló las piedras,
la tristeza...
Agosto es la sombra de la soledad,
la fecha olvidada en un libro muerto, Siento
la sospecha de lo eterno que hace nidos
de lumbre y simiente
sobre tu cuerpo,
dibuja la caricia que los mapas olvidan.
No hay otro mensaje que mis palabras
sin ritmo,
no hay otra lengua donde poder hablarte,
ni otra luna que la noche contenga.
Quizá un dios de luengas manos derrame
la leche sagrada
en el cuenco vacío del invierno
y se haga luz precisa la espera.

A este primer libro, Al abellu les besties (1985), le seguirían Vida privada (1991), Temporada de pesca (1998), Un mes (2003) y La maleta al agua (2005). Ofrezco a continuación la traducción de dos poemas: el primero pertenece a Temporada de pesca, el siguiente a Un mes:


ARS POETICA

En papel trazo los pocos signos
que conozco: los nombres del amor,
el de la muerte.
Lentamente voy contando las sílabas
primeras. Digo casa, digo rio
y sus secretos.
También cuidadosamente mido
el paso de los años, las cenizas,
que fueron rosa y misterio
y plenitud de vida.
Así cumplo y celebro
torpemente los días:
dar forma a la palabra es el enigma.



LECCIÓN DE GRAMÁTICA

¿Cómo se dice en uolof la palabra frontera, la palabra
patria? ¿Y en sonike? ¿Cómo llamáis al desamparo?
Si queréis decir en bereber, por ejemplo, "yo tuve una casa
en una arrabal de Rabat" ¿ponéis en este orden la frase? ¿Cómo
se conjugan en bambara los verbos que llevan al norte,
qué adjetivos cuadran a la palabra mar, a la palabra muerte?
Si tenéis que iros, ¿es la palabra adiós un sustantivo?
¿Cómo se pronuncia en diakhanké la palabra exilio? ¿Hay que
juntar los labios? ¿Duelen? ¿Qué pronombres usáis para quien espera
en la playa, para quien regresa sin nada? Cuando señaláis hacia allá, hacia
casa, ¿qué adverbio escogéis? ¿Cómo se dice en vuestra, en nuestra lengua
la palabra futuro?

En siguientes entradas retornaré sobre la poesía de Berta Piñán. Ahora les dejo con un video basado en su poema "La casa", del poemario Un mes:







domingo, 13 de diciembre de 2009

LIBRERÍAS DE VIEJO (I): IANNIS RITSOS Y SCHNECKENTRAUM


Las librerías de viejo nos deparan sorprendentes encuentros y amistades imperecederas. En Biblos, una de ellas, cerca de la Plaza Filómosu Eterías, en el barrio de la Plaka de Atenas, encontré a un entrañable librero que me deparó una inolvidable mañana, entre libros de Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...De éste último, quisiera traerles aquí su poema "Ο άνοδος", de su poemario ΜΑΡΤΥΡΊΕΣ (Testimonios), en la traducción que de él hizo Juan Ruiz de Torres:

La subida

Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.

Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro."

También de una de estas librerías, de un encuentro, trata el extraordinario cortometraje de Iván Sáinz-Pardo, que nos ha hecho llegar la artista mexicana Edith León. Su título, Schneckentraum (El sueño del caracol):






jueves, 10 de diciembre de 2009

DE LOS JARDINES BOTÁNICOS (I): EUGENI D´ORS Y EL JARDÍN BOTÁNICO DE LISBOA



Eugeni D´Ors reunía, en 1927, tres narraciones breves, Oceanografía del tedio (1919), El sueño es vida (1922) y Magín (1923), traducidas al francés, para el número cuatro de Chroniques (serie Le Roseau d'Or, Librairie Plon, París), bajo el título de Trois natures mortes. Iban precedidas por un prólogo en el que nos detendremos. Su primera línea era contundente: "En Lisboa, y a vísperas de un embarque, me fue revelado el secreto de los jardines botánicos".
Antes de subir en el transatlántico que lo llevaría a un lejano Ultramar, D´Ors se dirigió a la reja del Jardín Botánico lisboeta. En aquella tarde tórrida de verano, había "fuego en el aire; por ráfagas, conatos truncos de trompetas militares llegaban de algún cuartel vecino". Pero la verja se abrió ("únicamente para mí") y Xenius se adentró en el mudo mundo vegetal, sólo roto por los arrullos y el aleteo de las palomas y las tórtolas.
Lo primero que anota el filósofo son los extraños arbustos y la profusión de hojas secas a pesar de ser el mes de Julio. Pero, "tanta pompa y tanta fuerza, sin embargo, tanta corrupción de morbideces y azúcares, no arruinan a la Inteligencia en tales lugares".
Que ¿cómo interviene aquí la Inteligencia? Pues mediante la escritura, a través de los vocablos científicos que inscritos en los letreros muestran al paseante un saber secular: "Doctas dicotomías, con su justiciera alusión a los Linneo y a los De Candolle; nombres sequipedales, de la más pura estirpe helénica; híbridos preciosos, tocados acaso de alguna cadencia barroca; epítetos a la homérica, evocadores del rosa de una miel o de la calma de una noche... La savia se ha vuelto docta y el nombre, sin secar su ternura ni interrumpir la ascensión de sus jugos, confiere a esta ascensión una eminente dignidad".
Esa mente inquieta, ansiante, abrumada por saberes, exigente, metódica y pasional a un mismo tiempo, indaga entre las húmedas raíces aéreas y los rayos lumínicos que dejan avanzar las copas de los árboles. La frondosidad del espacio se acumula en la mirada y ésta revela lecciones a la imprevisión del paseante. No hay sólo visión y lectura estética, hay también un salto ético, kierkegaardiano: "La espiritual cosecha de la visita a un jardín botánico no se limita, empero, a ese lote de recuerdos embriagadores y de voluptuosas nostalgias. De sus gruesos macizos, de sus frondas castigadas, nace igualmente algún juicio de valor".
Suena como una nota extendida de un clarín soldadesco que aturulla a las tórtolas: "La locura es insípida. Sí, la locura es insípida y monótona". A aquella inteligencia, a aquella lucidez apela el credo dorsiano, a esa lucidez que nos acerca a la belleza, al hecho artístico.
Pero, aún más allá. el juicio de valor se dirime, según nuestro filósofo, en el campo de las responsabilidades, en el ámbito de la polis. Suena aquí también la decisión tajante, expeditiva del Abraham kierkegaardiano: "Que la personalidad nace de la coerción. Que, en el abandono, se rebaja o se borra. La flora del jardín botánico puede todavía reunir, en la gloria de su latino germinar, el cactus y el abeto, las palmas y los laureles. Pero, en la igualitaria libertad de las carreteras vulgares, todo se vuelve acacia".
Ademanes y sones castrenses recorrían entonces una Europa empujada al horror y a la sangre: "Mas el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único." ¿Quién fue el carnero que estaba detrás de él, enredados sus cuernos en el matorral? Dios mío, ¿por qué nos abandonastes? Tu ángel también debió haber salvado al carnero, salvado a toda víctima de todo holocausto cruel.

domingo, 6 de diciembre de 2009

ENCUENTRO CON EL SILENCIO. REMEMORANDO A STÉPHANE MALLARMÉ (1923)


Desde la poesía, desde el pensamiento, y sobre todo desde el silencio. En un ya lejano 14 de Octubre de 1923, un grupo de escritores fue convocado para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Mallarmé. La invitación corrió a cargo del escritor mexicano Alfonso Reyes y acudieron a la cita bajo una misma premisa: hallar acomodo y asiento en algún lugar del Jardín Botánico de Madrid y allí meditar en él durante cinco minutos en silencio, para más tarde escribir lo que habían pensado o urdido durante ese breve lapso de tiempo. Meses después la Revista de Occidente recogía los textos de algunos de ellos.
La fotografía de arriba nos recuerda el acto y a sus "convidados de piedra". De izquierda a derecha, en pie: Mauricio Bacarisse, José Bergamín, Antonio Marichalar, Alfonso Reyes y Enrique Díez -Canedo; sentados: Eugenio d'Ors, José Moreno Villa y José Ortega y Gasset
Los textos de los autores se publicaron en el número cinco -noviembre de 1923- de la Revista de Occidente, si bien en el número anterior, de octubre, apareció en la sección "Asteriscos" una nota anunciándolos, en la que se cercioraba el texto de la convocatoria. Decía así:
" El 14 de octubre de 1923, los miembros de la Société Mallarmé de Paris se reunirán en Valvins, a unos dos kilómetros de Fontainebleau, donde murió el maestro, para consagrarle un recuerdo.
Se propone que hagamos en Madrid una conmemoración semejante. Sin discursos. Un acto -por decirlo así- sin acto. Lo que a Mallarmé le hubiera agradado.
CINCO MINUTOS DE SILENCIO EN RECUERDO DE MALLARMÉ.
Sitio y hora: el domingo, día 14, a las once en punto de la mañana en la puerta del Botánico que da sobre la Feria del Libro.
Se cuenta con usted. Allí encontrará usted a sus amigos."
A dicha convocatoria asistieron los que aparecen en la fotografía que encabeza este post, además de quien en ese momento hacía de fotógrafo, José María Chacón. Faltaron a la reunión tres convidados: Azorín, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna. El primero, peripuesto en sus actividades políticas, tenía que intervenir en un mitin. El segundo, haciendo gala de su mala salud, se quedó en casa "por enfriamiento", como le dijo por carta a Reyes, si bien, como también recoge otra misiva mandada al mismo destinatario, la razón estribaba, más bien, en el alejamiento de Juan Ramón de las actividades que llevaba a cabo Ortega y su grupo:
"Como era de esperar, en este 1923 se está confundiendo "sencillez" con "simpleza"; "intelectualismo " con "intelectualería"; "claridad" con "vulgaridad"; "vida" con "periodismo"; "cultura" con "filología", con "lectura secundaria", con "exhumación"; "crítica" con "desahogo"." (Ideolojia (1897-1957) (Metamorfosis IV), Antonio Sánchez Romeralo(ed.), Barcelona, 1990, p. 186)
Por su parte, Gómez de la Serna tenía, ese mismo día, a la misma hora, un entierro; y, como acertadamente comentó Eugenio D´Ors, "-¡Qué competencia!-".
Alfonso Reyes, el convocante, nos ofrece en su texto datos del evento:
"El primero en llegar fue José Ortega y Gasset. Lo vi cuando entraba en la calzada central. Lo llamé de lejos. Era un día neutro, nublado y claro. Algo París de los años 80... Sacudiendo el viento los ramajes de nubes, hizo caer escasas gotas. Luego quedó el tiempo seguro, y había una frescura casi dulce.
(...)
El Botánico tenía una iluminación de vidrieras opacas, de taller fotográfico. Cada árbol, al paso, nos decía una palabra, como al estudioso Goethe en sus escursiones de naturalista; la palabra escrita en su etiqueta: Almez, Alerce, Sófora Japónica, Pawlonia, Arce Sacarino.
Cada árbol, al paso, traía tejido en las ramas todo el ambiente de su paisaje propio: uno filtraba un cielo griego por entre su follaje claro; otro encuadraba un tenue horizonte japonés entre las antenas curvas de dos guías floridas; la torre del ciprés hendía -y lo creaba- el aire de Fiésole."
Mientras Díez-Canedo cronometraba los cinco minutos, Juan Ramón, desde su casa, depuraba un poema de 1913 que comenzaba:
"Después del resplandor súbito,
venía un vacío frío...
Fui seguro hacia su sombra,
-pero ciego-"
Mandó este poema a Revista de Occidente, con un pequeño comento, en el que se lee:
"Según mi cálculo, en los cinco eternos minutos del "silencio a Mallarmé", debí andar -con la imagen del quieto museo de vegetales mármoles negros, que ustedes misteriosamente complicaban, de nuestro carbonoso, sucia, estrepitosamente vecindado, tristísimo Botánico, viéndose entre las barras de luz de oro de los versos octosílabos- por la segunda mitad de mi poesía."
Las aportaciones fueron interesantes aunque desiguales, y pocas, ciertamente, tuvieron en cuenta a Mallarmé (salvedad de Reyes y Bergamín). De entre todas destacaré la genial de D´Ors:
"El primer minuto pudo pecar, necesariamente, de dispersión y de aleteo.
El segundo minuto se balanceó un poco y cayó con lentitud espesa, así como cae del pico del cuentagotas farmaceútico la lágrima de jarabe que dosifica una mano escrupulosa.
El tercer minuto se distrajo porque acertó a pasar por las cercanías una figura algo extraña, que sobre la calada caperuza del impermeable negro se había encasquetado un sombrero hongo, negro también. Para la aparición, nosotros fuimos recíprocamente aparición. Se detuvo un punto, miró sin demasiada curiosidad, y se fue.
El cuarto minuto de silencio tuvo calidad de roce de ala. Una tras otra lo fueron sintiendo las frentes descubiertas, con una sucesión que ya excluía el sobresalto.
El minuto final se quedó vacío, y ya dejaba sentir, acaso, cierta superfluidad. Sus paredes se volvieron delgadas y se irisaron, como las de pompa de jabón próxima a romperse. La señal de que el tiempo que había transcurrido le reventó."
Jardín Botánico, bosque meditado.
¡Qué lejos "L´après-midi d´un faune"!
¡Qué lejos Debussy!

martes, 1 de diciembre de 2009

LECCIÓN DE FRANCISCO PINO





Pero no hemos de dejarnos cegar por la mirada subyugante del bosque que puede aherrojarnos. Hemos de probar otros caminos, otras vías, veredas, vericuetos o trochas. Los encontraremos dispersos en una espesa multitud de ámbitos, en los más variopintos espacios que nos son dados hollar. Me lo ha venido a decir, despertándome de mi boscoso letargo, el poema del maestro Francisco Pino:


"ANTISALMO 37

1. Ver el mar,
bailar

2. Ver el monte,
Volar.

3. Ver el bosque,
gritar.

4. Ver el llano,
Callar.

5. La luna está arriba,
debajo.



Al versículo 4º con la verdad histórica del antisalmo 37:

Y el hombre del llano, como yo lo soy, siempre que habla se acomoda al patíbulo. Sabe que recuesta su cabeza en el palo porque quiere recostarla. Porque quiere que le devuelvan el silencio. El único sillón donde se encuentra bien el hombre del llano es en el patíbulo. ¡Que le callen!"


O bien aquellos versos del poema "Por Chambord", del poemario Más cerca (1965):
"Vuelva a mi sequedad,
tu sequedad azul, de azul caliente,
tu sequedad de cal de cerros de nácar,
tu sequedad Castilla;
tu sequedad que es un ansia de oración.
(...)
no me engañe en el bosque que rezuma,
bajo los grises de una lluvia siempre
cercana, sus riquezas y frescura.
Pásese esta abundancia donde
muere toda apetencia, y en donde, sin deseo
de Dios, gris y dormido,
el corazón no pide nada. Nada"


Pero mi sequedad no es la Castilla del maestro del Pinar de Antequera, aquel "balcón azul", sino la sequedad de la serranía malagueña, de la Sierra de Tejeda, cuna de mi paraiso infantil y de amoríos juveniles. Allá en la Axarquía, en ese palomar de Canillas de Aceituno, desde donde se intuye la luz primera que vio María Zambrano, en su Vélez. Sequedad de aquellas lomas y riscos, ¡oh Maroma!, por donde transitan los personajes de la novela Los estandartes de Yante. De ella hablaré, más adelante.