martes, 21 de septiembre de 2010

EL RESCOLDO DE LA MEMORIA



Por más que quiso, no pudo alzar la voz y su grito quedó ahogado. Tal fue la mudez que le deparó la visión del abismo, aquel que se le imponía ante aquella vieja fotografía que guardaba desde niño. La aplastó entre sus manos para más tarde llevar a cabo aquel acto que treinta y tres años atrás él mismo impidió llevar a término, al rescatar de entre un buen número de enseres que ardían en una pira que hizo su padre en el corral, aquella imagen que ahora comprendía en su fatal extensión de terror. Quemó aquella imagen no sólo llevado por su rabia sino por el deseo de borrar para siempre la huella del mal. Él, el fiel rescatador de la memoria, el pertinaz escrutador y escrupuloso mostrador de la barbarie, se veía ahora convertido en una mera alimaña, sorprendida en el horror íntimo, y decidía instintivamente suprimir la verdad, ocultar la evidencia. Pero las evidencias, después lo comprendería él también, fatalmente, no pueden ser borradas y menos aún por quien fue el artífice de hacerlas retornar.

2 comentarios:

Miguel Estrada Pérez-Carasa dijo...

Un poema hermosísimo. No le haría justicia otro comentario, aunque sea tan escueto, ni otra crítica que no fuera fruto de la admiración y el placer de su lectura.
Te felicito. Un abrazo.

Juan Antonio Millón dijo...

Siempre tan atento y tan pródigo. Gracias, Miguel.