martes, 29 de marzo de 2011

ALDA MERINI, UNA VOZ ÓRFICA


La voz arrebatada de la poeta italiana Alda Merini, presa de la locura y del amor, en la tralla lacerante de la vida.

La voz órfica, sagrada, de una mujer inigualable y maravillosa que fulge en la noche y nos acuna en los malos sueños.

Rescato y traduzco aquí un poema -de su libro Poesie per Marina-, dedicado a su editor Vanni Scheiwiller.

Alda, por entonces -1986-, deja Tarento, donde ha convivido frágilmente durante tres años con su nuevo esposo, el poeta Michele Pierri, y donde presa de la locura de la poesía escribe La gazza ladra y L'altra verità. Diario di una diversa, y se dirige a Milán.

Oigamos sus "vestigios divinos":



Con aquel tren de Tarento, infinito,

donde se curará la sombra de mi juventud,

un día volveré.

Volveré, Vanni, del amor que he perdido

entre los gozosos olivos de la tierra,

volveré a su viejo cuerpo...

Hasta aquí, Vanni, no he vivido mas que un año

de dolor perdido:

y cuando el sol me curaba la sien,

oh Vanni, rogaba al Señor

que me llevase con él.

Pero con aquel tren de Tarento, gris,

más aún que el martirio más duro,

más aún que el hospital de Affori,

volveré un día a sentir la salinidad

pura,

las oscuras sombras de los muertos

la tradición de los vencidos,

el respaldo de las estaciones.

Volveré, oh Vanni, a redimir el dolor de siempre

aquel que asentó raíces lejos,

ya sabes...

Los locos sacramentos

donde se celebraban oscuras fiestas

en los antros de los manicomios

y el trípode de una biblia llena de melancolía

y los sentidos sumidos en un profundo vértigo

y el mar oscuro como el sentido de la culpa,

ay de mí, tan lejano,

y tan cercano a mi cuerpo.

Pero yo, Vanni, volveré a aquel golfo y por ti y por mí

y por todos cuantos tienen vestigios divinos:

Afrodita me cubre de oro la sien

en mis días de furor,

pero aquí como la ninfa salvaje que anhela las aguas

he metido el pie en el estanque más puro

y en vez de agua era sangre,

era sangre de amor,

y surgí dormida en la palabra

surgí dormida en mis largos cabellos

surgí enamorada del canto infeliz

que había escondido el lirio de Orfeo,

magnífico execrable patrón

de mi juventud.

Oh Vanni, la ebriedad de los sentidos

trueca el velo de la eterna armonía:

volveré a él, a ti

volveré a morir.

domingo, 20 de marzo de 2011

LA GARZA Y EL SUEÑO DEL NARANJAL


Duerme un sueño de atardecer
la luna esta mañana fría
y en el perigeo, del naranjal
una gran flor amanece.

Blanca como el azahar
como una inesperada tralla,
súbita en esta mañana
de gélido y quieto invierno.

Una flor alada, un pájaro perdido
en la rama, de la bandada olvidado,
que ahíto de ausencias anida
en el cercano huerto de la marjal.

Ríe la acequia la paradoja
de la garza en la huerta
su blancura envuelta
en las verdes hojas del naranjo.

Garza anacoreta
que medita su soledad,
como una saeta
atravesando las frías nieblas.

Sacude su dormitar, al fin,
la garza y el fruto del árbol
se desgaja en un batir de alas
camino de la luna y su bandada.

Vanidad de la vida y la belleza.
Esta triste mirada se desvanece
en una lágrima de niebla fría
en esta pobre mañana.