domingo, 29 de marzo de 2015

HERBERTO HELDER, IN MEMORIAM




Después de un largo tiempo sin aparecer por este espacio virtual, vuelvo de nuevo sobre las sendas holladas de este divagar sin rumbo sobre cuestiones literarias, es decir, humanas. Y lo vuelvo a hacer de la mano de un poeta que nos ha dejado recientemente y al que quisiera rendir homenaje llevando sus versos hasta nuestro idioma. 
Sit tibi terra levis.


ACERCA DE UN POEMA

Un poema crece vacilante
en la confusión de la carne,
aún sin palabras sube, solo ferocidad y gozo,
tal vez como sangre
o sombra de la sangre por los cauces del ser.

Fuera existe el mundo. Fuera, la radiante violencia
o los granos de uva de donde nacen
las raíces minúsculas del sol.
Fuera, los cuerpos genuinos e inalterables
de nuestro amor,
los ríos, la inmensa paz exterior de las cosas,
las hojas durmiendo el silencio,
las simientes a la vera del viento.
Y el poema crece recogiendo todo en su regazo.

Y ya ningún poder destruye el poema.
Insustituible, único,
Invade las órbitas, la cara amorfa de las paredes,
la miseria de los minutos,
la segura fortaleza de las cosas,
la redonda y libre armonía del mundo.

‒ Por debajo, el instrumento perplejo ignora
el espinazo del misterio.
‒ Y el poema se hace contra el tiempo y la carne.

2 comentarios:

Isabel dijo...

Sí que llevas tiempo, sí; pero bueno, si vuelves con este hermoso poema merece la pena.

Saludos

Juan Antonio Millón dijo...

Muchas gracias, Isabel. Es una felicidad leerte. He estado enredado entre hilos y madejas varias, pero finalmente he hallado aquel de Ariadna y he encontrado el camino de regreso. ¿Quién sabe cuántos laberintos contenemos? Un abrazo.