sábado, 24 de agosto de 2019

LA MUCHACHA DE POMPEYA, de PRIMO LEVI





Puesto que la angustia de cualquiera es la nuestra
aún revivimos la tuya, muchacha delgada,
que te abrazaste furiosamente a tu madre
casi queriendo retornar a su seno
cuando al mediodía el cielo se volvió negro.
Fue inútil, porque el aire se volvió veneno,
se filtró buscándote por las ventanas cerradas
de tu tranquila casa de paredes robustas
feliz de tu canto y de tu tímida sonrisa.
Ya han pasado los siglos, las cenizas se han petrificado
encerrando para siempre esos miembros graciosos.
Así tú continúas entre nosotros, retorcido molde de yeso,
agonía sin fin, horrible testigo
de cuanto significa para los dioses nuestra orgullosa semilla.
Pero nada nos queda de tu hermana lejana ,
la muchacha de Holanda encerrada entre cuatro paredes
que también escribió su juventud sin mañana:
su ceniza muda fue dispersada por el viento,
su breve vida encerrada en un cuaderno arrugado.
Nada queda de la colegiala de Hiroshima,
sombra fijada en el muro por la luz de mil soles,
víctima sacrificada sobre el altar del miedo.
Poderosos de la tierra, patronos de nuevos venenos,
tristes guardianes del secreto del trueno definitivo,
nos bastan las penas que el cielo nos ofrece.
Antes de apretar vuestro dedo, deteneos y meditad.


(De Ad ora incerta, 1984)

No hay comentarios: