domingo, 13 de diciembre de 2009

LIBRERÍAS DE VIEJO (I): IANNIS RITSOS Y SCHNECKENTRAUM


Las librerías de viejo nos deparan sorprendentes encuentros y amistades imperecederas. En Biblos, una de ellas, cerca de la Plaza Filómosu Eterías, en el barrio de la Plaka de Atenas, encontré a un entrañable librero que me deparó una inolvidable mañana, entre libros de Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...De éste último, quisiera traerles aquí su poema "Ο άνοδος", de su poemario ΜΑΡΤΥΡΊΕΣ (Testimonios), en la traducción que de él hizo Juan Ruiz de Torres:

La subida

Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.

Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro."

También de una de estas librerías, de un encuentro, trata el extraordinario cortometraje de Iván Sáinz-Pardo, que nos ha hecho llegar la artista mexicana Edith León. Su título, Schneckentraum (El sueño del caracol):






jueves, 10 de diciembre de 2009

DE LOS JARDINES BOTÁNICOS (I): EUGENI D´ORS Y EL JARDÍN BOTÁNICO DE LISBOA



Eugeni D´Ors reunía, en 1927, tres narraciones breves, Oceanografía del tedio (1919), El sueño es vida (1922) y Magín (1923), traducidas al francés, para el número cuatro de Chroniques (serie Le Roseau d'Or, Librairie Plon, París), bajo el título de Trois natures mortes. Iban precedidas por un prólogo en el que nos detendremos. Su primera línea era contundente: "En Lisboa, y a vísperas de un embarque, me fue revelado el secreto de los jardines botánicos".
Antes de subir en el transatlántico que lo llevaría a un lejano Ultramar, D´Ors se dirigió a la reja del Jardín Botánico lisboeta. En aquella tarde tórrida de verano, había "fuego en el aire; por ráfagas, conatos truncos de trompetas militares llegaban de algún cuartel vecino". Pero la verja se abrió ("únicamente para mí") y Xenius se adentró en el mudo mundo vegetal, sólo roto por los arrullos y el aleteo de las palomas y las tórtolas.
Lo primero que anota el filósofo son los extraños arbustos y la profusión de hojas secas a pesar de ser el mes de Julio. Pero, "tanta pompa y tanta fuerza, sin embargo, tanta corrupción de morbideces y azúcares, no arruinan a la Inteligencia en tales lugares".
Que ¿cómo interviene aquí la Inteligencia? Pues mediante la escritura, a través de los vocablos científicos que inscritos en los letreros muestran al paseante un saber secular: "Doctas dicotomías, con su justiciera alusión a los Linneo y a los De Candolle; nombres sequipedales, de la más pura estirpe helénica; híbridos preciosos, tocados acaso de alguna cadencia barroca; epítetos a la homérica, evocadores del rosa de una miel o de la calma de una noche... La savia se ha vuelto docta y el nombre, sin secar su ternura ni interrumpir la ascensión de sus jugos, confiere a esta ascensión una eminente dignidad".
Esa mente inquieta, ansiante, abrumada por saberes, exigente, metódica y pasional a un mismo tiempo, indaga entre las húmedas raíces aéreas y los rayos lumínicos que dejan avanzar las copas de los árboles. La frondosidad del espacio se acumula en la mirada y ésta revela lecciones a la imprevisión del paseante. No hay sólo visión y lectura estética, hay también un salto ético, kierkegaardiano: "La espiritual cosecha de la visita a un jardín botánico no se limita, empero, a ese lote de recuerdos embriagadores y de voluptuosas nostalgias. De sus gruesos macizos, de sus frondas castigadas, nace igualmente algún juicio de valor".
Suena como una nota extendida de un clarín soldadesco que aturulla a las tórtolas: "La locura es insípida. Sí, la locura es insípida y monótona". A aquella inteligencia, a aquella lucidez apela el credo dorsiano, a esa lucidez que nos acerca a la belleza, al hecho artístico.
Pero, aún más allá. el juicio de valor se dirime, según nuestro filósofo, en el campo de las responsabilidades, en el ámbito de la polis. Suena aquí también la decisión tajante, expeditiva del Abraham kierkegaardiano: "Que la personalidad nace de la coerción. Que, en el abandono, se rebaja o se borra. La flora del jardín botánico puede todavía reunir, en la gloria de su latino germinar, el cactus y el abeto, las palmas y los laureles. Pero, en la igualitaria libertad de las carreteras vulgares, todo se vuelve acacia".
Ademanes y sones castrenses recorrían entonces una Europa empujada al horror y a la sangre: "Mas el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único." ¿Quién fue el carnero que estaba detrás de él, enredados sus cuernos en el matorral? Dios mío, ¿por qué nos abandonastes? Tu ángel también debió haber salvado al carnero, salvado a toda víctima de todo holocausto cruel.

domingo, 6 de diciembre de 2009

ENCUENTRO CON EL SILENCIO. REMEMORANDO A STÉPHANE MALLARMÉ (1923)


Desde la poesía, desde el pensamiento, y sobre todo desde el silencio. En un ya lejano 14 de Octubre de 1923, un grupo de escritores fue convocado para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Mallarmé. La invitación corrió a cargo del escritor mexicano Alfonso Reyes y acudieron a la cita bajo una misma premisa: hallar acomodo y asiento en algún lugar del Jardín Botánico de Madrid y allí meditar en él durante cinco minutos en silencio, para más tarde escribir lo que habían pensado o urdido durante ese breve lapso de tiempo. Meses después la Revista de Occidente recogía los textos de algunos de ellos.
La fotografía de arriba nos recuerda el acto y a sus "convidados de piedra". De izquierda a derecha, en pie: Mauricio Bacarisse, José Bergamín, Antonio Marichalar, Alfonso Reyes y Enrique Díez -Canedo; sentados: Eugenio d'Ors, José Moreno Villa y José Ortega y Gasset
Los textos de los autores se publicaron en el número cinco -noviembre de 1923- de la Revista de Occidente, si bien en el número anterior, de octubre, apareció en la sección "Asteriscos" una nota anunciándolos, en la que se cercioraba el texto de la convocatoria. Decía así:
" El 14 de octubre de 1923, los miembros de la Société Mallarmé de Paris se reunirán en Valvins, a unos dos kilómetros de Fontainebleau, donde murió el maestro, para consagrarle un recuerdo.
Se propone que hagamos en Madrid una conmemoración semejante. Sin discursos. Un acto -por decirlo así- sin acto. Lo que a Mallarmé le hubiera agradado.
CINCO MINUTOS DE SILENCIO EN RECUERDO DE MALLARMÉ.
Sitio y hora: el domingo, día 14, a las once en punto de la mañana en la puerta del Botánico que da sobre la Feria del Libro.
Se cuenta con usted. Allí encontrará usted a sus amigos."
A dicha convocatoria asistieron los que aparecen en la fotografía que encabeza este post, además de quien en ese momento hacía de fotógrafo, José María Chacón. Faltaron a la reunión tres convidados: Azorín, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna. El primero, peripuesto en sus actividades políticas, tenía que intervenir en un mitin. El segundo, haciendo gala de su mala salud, se quedó en casa "por enfriamiento", como le dijo por carta a Reyes, si bien, como también recoge otra misiva mandada al mismo destinatario, la razón estribaba, más bien, en el alejamiento de Juan Ramón de las actividades que llevaba a cabo Ortega y su grupo:
"Como era de esperar, en este 1923 se está confundiendo "sencillez" con "simpleza"; "intelectualismo " con "intelectualería"; "claridad" con "vulgaridad"; "vida" con "periodismo"; "cultura" con "filología", con "lectura secundaria", con "exhumación"; "crítica" con "desahogo"." (Ideolojia (1897-1957) (Metamorfosis IV), Antonio Sánchez Romeralo(ed.), Barcelona, 1990, p. 186)
Por su parte, Gómez de la Serna tenía, ese mismo día, a la misma hora, un entierro; y, como acertadamente comentó Eugenio D´Ors, "-¡Qué competencia!-".
Alfonso Reyes, el convocante, nos ofrece en su texto datos del evento:
"El primero en llegar fue José Ortega y Gasset. Lo vi cuando entraba en la calzada central. Lo llamé de lejos. Era un día neutro, nublado y claro. Algo París de los años 80... Sacudiendo el viento los ramajes de nubes, hizo caer escasas gotas. Luego quedó el tiempo seguro, y había una frescura casi dulce.
(...)
El Botánico tenía una iluminación de vidrieras opacas, de taller fotográfico. Cada árbol, al paso, nos decía una palabra, como al estudioso Goethe en sus escursiones de naturalista; la palabra escrita en su etiqueta: Almez, Alerce, Sófora Japónica, Pawlonia, Arce Sacarino.
Cada árbol, al paso, traía tejido en las ramas todo el ambiente de su paisaje propio: uno filtraba un cielo griego por entre su follaje claro; otro encuadraba un tenue horizonte japonés entre las antenas curvas de dos guías floridas; la torre del ciprés hendía -y lo creaba- el aire de Fiésole."
Mientras Díez-Canedo cronometraba los cinco minutos, Juan Ramón, desde su casa, depuraba un poema de 1913 que comenzaba:
"Después del resplandor súbito,
venía un vacío frío...
Fui seguro hacia su sombra,
-pero ciego-"
Mandó este poema a Revista de Occidente, con un pequeño comento, en el que se lee:
"Según mi cálculo, en los cinco eternos minutos del "silencio a Mallarmé", debí andar -con la imagen del quieto museo de vegetales mármoles negros, que ustedes misteriosamente complicaban, de nuestro carbonoso, sucia, estrepitosamente vecindado, tristísimo Botánico, viéndose entre las barras de luz de oro de los versos octosílabos- por la segunda mitad de mi poesía."
Las aportaciones fueron interesantes aunque desiguales, y pocas, ciertamente, tuvieron en cuenta a Mallarmé (salvedad de Reyes y Bergamín). De entre todas destacaré la genial de D´Ors:
"El primer minuto pudo pecar, necesariamente, de dispersión y de aleteo.
El segundo minuto se balanceó un poco y cayó con lentitud espesa, así como cae del pico del cuentagotas farmaceútico la lágrima de jarabe que dosifica una mano escrupulosa.
El tercer minuto se distrajo porque acertó a pasar por las cercanías una figura algo extraña, que sobre la calada caperuza del impermeable negro se había encasquetado un sombrero hongo, negro también. Para la aparición, nosotros fuimos recíprocamente aparición. Se detuvo un punto, miró sin demasiada curiosidad, y se fue.
El cuarto minuto de silencio tuvo calidad de roce de ala. Una tras otra lo fueron sintiendo las frentes descubiertas, con una sucesión que ya excluía el sobresalto.
El minuto final se quedó vacío, y ya dejaba sentir, acaso, cierta superfluidad. Sus paredes se volvieron delgadas y se irisaron, como las de pompa de jabón próxima a romperse. La señal de que el tiempo que había transcurrido le reventó."
Jardín Botánico, bosque meditado.
¡Qué lejos "L´après-midi d´un faune"!
¡Qué lejos Debussy!

martes, 1 de diciembre de 2009

LECCIÓN DE FRANCISCO PINO





Pero no hemos de dejarnos cegar por la mirada subyugante del bosque que puede aherrojarnos. Hemos de probar otros caminos, otras vías, veredas, vericuetos o trochas. Los encontraremos dispersos en una espesa multitud de ámbitos, en los más variopintos espacios que nos son dados hollar. Me lo ha venido a decir, despertándome de mi boscoso letargo, el poema del maestro Francisco Pino:


"ANTISALMO 37

1. Ver el mar,
bailar

2. Ver el monte,
Volar.

3. Ver el bosque,
gritar.

4. Ver el llano,
Callar.

5. La luna está arriba,
debajo.



Al versículo 4º con la verdad histórica del antisalmo 37:

Y el hombre del llano, como yo lo soy, siempre que habla se acomoda al patíbulo. Sabe que recuesta su cabeza en el palo porque quiere recostarla. Porque quiere que le devuelvan el silencio. El único sillón donde se encuentra bien el hombre del llano es en el patíbulo. ¡Que le callen!"


O bien aquellos versos del poema "Por Chambord", del poemario Más cerca (1965):
"Vuelva a mi sequedad,
tu sequedad azul, de azul caliente,
tu sequedad de cal de cerros de nácar,
tu sequedad Castilla;
tu sequedad que es un ansia de oración.
(...)
no me engañe en el bosque que rezuma,
bajo los grises de una lluvia siempre
cercana, sus riquezas y frescura.
Pásese esta abundancia donde
muere toda apetencia, y en donde, sin deseo
de Dios, gris y dormido,
el corazón no pide nada. Nada"


Pero mi sequedad no es la Castilla del maestro del Pinar de Antequera, aquel "balcón azul", sino la sequedad de la serranía malagueña, de la Sierra de Tejeda, cuna de mi paraiso infantil y de amoríos juveniles. Allá en la Axarquía, en ese palomar de Canillas de Aceituno, desde donde se intuye la luz primera que vio María Zambrano, en su Vélez. Sequedad de aquellas lomas y riscos, ¡oh Maroma!, por donde transitan los personajes de la novela Los estandartes de Yante. De ella hablaré, más adelante.




PERSONAJES DE LAS CALLES DE SAGUNTO (1): ISABEL COELLO

  "La familia de Felipe II" (c. 1584), cuadro de la Hispanic Society of America, atribuido a Isabel Sánchez Coello por María Kusch...