sábado, 28 de agosto de 2021

LA PITA EN LA ROCA, de EUGENIO MONTALE


 




El enojado aventar del siroco

que el abrasado terreno amarillo verdoso

calcina;

y arriba, en el cielo lleno

de apagadas luces

se desliza cualquier vedija

de nubes y se pierde.

Horas perplejas, temblores

de una vida que huye

como agua entre los dedos;

desasidos episodios,

luces–sombras, conmociones

de las cosas inestables de la tierra;

Oh áridas alas del aire

ahora soy yo

la pita que se prende a la grieta

de los escollos

y evita el mar de los brazos de las algas

y abre anchas grutas y se aferra a las rocas;

y en el fermento

de cada esencia, con mis capullos cerrados

que ya no saben abrirse, siento hoy

mi quietud como un tormento.


(De Ossi di seppia, 1925)




martes, 24 de agosto de 2021

LA POESÍA, de JOSEP MARIA LÓPEZ-PICÓ

 




Bate sus alas cada palabra nueva

cuando busca, libre, el vuelo abierto

y huye de mí como de su nido de pájaro,

dejándome un leve temblor de rama.


(De Epigrammata, 1915)



lunes, 23 de agosto de 2021

A SÍ MISMO, de GIACOMO LEOPARDI

 




Ahora descansarás por siempre,

cansado corazón mío. Murió el último engaño,

que eterno yo creí. Murió. Bien siento

que en nosotros los queridos engaños,

no solo la esperanza sino el deseo, desaparecen.

Descansa por siempre. Bastante

has palpitado. Nada valen

tus anhelos, ni es de suspiros digna

la tierra. Amarga y tediosa

la vida, nada más; y fango es el mundo.

Ahora calla. Desespera

por última vez. A nosotros el destino

no nos donó más que el morir. Ahora desprecia

tú mismo, la naturaleza, el salvaje

poder que, oculto, gobierna nuestro común daño,

y la vanidad infinita de todo.



(De "Canti fiorentini", Canti, 1835)

domingo, 22 de agosto de 2021

HOMBRE DE MI TIEMPO, de SALVATORE QUASIMODO


 



Aún eres aquel de la piedra y la honda.

hombre de mi tiempo. Estabas en la cabina,

con las alas malignas, la quietud de la muerte

-te he visto- dentro del carro de fuego, en los patíbulos,

en las ruedas de tortura. Te he visto: eras tú,

con tu ciencia exacta dispuesta al exterminio,

sin amor, sin Cristo. Has asesinado otra vez,

como siempre, como mataron los padres, como mataron

los animales que te vieron por vez primera.

Y esta sangre huele como aquel día

cuando el hermano dijo al otro hermano:

“Vamos al campo”. Y aquel eco frío, obstinado,

llegó hasta ti, en tu día.

Abandonad, oh hijos, las nubes de sangre

que brotan de la tierra, olvidad a los padres:

sus tumbas se hunden en las cenizas,

los negros pájaros, el viento, oscurecen su corazón.


(De Giorno dopo giorno, 1947)

viernes, 20 de agosto de 2021

EL TIEMPO TROVADO, de JOSEP PIERA

 



Bancales de naranjos, huertos de hortalizas,

sendas polvorientas, setos de adelfas,

altivas palmeras, jacarandas de azul, casitas

blancas, manantiales que brotan, sombríos con parras,

granados, membrilleros, norias, acequias,

cañares danzando, fuentes que cantan...


Paraules d'amor,

senzilles i tendres...


De golpe, naves

industriales, muros

de cemento, búnkeres

fluorescentes, bloques

de apartamentos, negros

vacíos. Una mancha

de asfalto. El mar.


La tarara, sí, la tarara, no.

La tarara, mare, me la balle jo.


El mar se ha hecho de tinta.

El tiempo trovado, antiguo.


(De El temps trobat, 2013)



NOTA BENE: El título del poema de Josep Piera coincide con el que tiene el propio libro de poemas al que pertenece. Al comienzo del libro, Piera expone los dos significados que el verbo "trobar" puede tener; precisamente por ello -porque está en la propia estela del libro- he traducido "trobat" por la palabra castellana -de origen occitano- "trovado", que recoge los dos sentidos de "hallar" o "encontrar" (hoy en desuso), por un lado, y "hacer versos", por otro. Por lo tanto, el "tiempo trovado" sería no solo el tiempo encontrado, sino también el tiempo hecho canto poético.

El poema también recoge dos fragmentos de canciones catalanas: una de Joan Manuel Serrat ("Palabras de amor,/ sencillas y tiernas...") y la segunda, una canción popular ("La tarara, sí, la tarara, no./ La tarara, madre, me la bailo yo").



HAY MOMENTOS EN QUE TODO CAE, de JOSEP PIERA

 




Hay momentos en que todo cae.


Como un vidrio

cae la muerte en el cado del cerebro

como el cuerpo del silencio

espejo que fue bello y ya es viejo.


Hay momentos


en que todo cae. De las manos

caen almas de mármol

como versos fríos u oscuras piedras

y son los ojos de un pozo

limo todo

sin raíces

y todo miedo.


Cae la noche como un cado.


Y la luz,

cado de vida,

cae del cielo


                      ceniza o nieve


hacia la hondonada de los muertos

cabellos lentos

de un viejo Dios.



[De "Rondó", Renou:La pluja ascla els estela: Renou (1971-1974)]





jueves, 12 de agosto de 2021

FAUSTO EN LOS ALPES, de DINO CAMPANA


 


Fausto era joven y bello, tenía el pelo rizado. Las boloñesas se parecían entonces a las medallas siracusanas y el corte de sus ojos era tan perfecto que les gustaba parecer inmóviles para que contrastara armoniosamente con sus largos rizos castaños. Era fácil encontrarlas por la tarde en las calles oscuras (la luna iluminaba entonces las calles) y Fausto alzaba los ojos a las chimeneas de las casas que parecían signos de interrogación a la luz de la luna y quedaba pensativo al arrastrar de sus pasos que se desvanecían. Desde la vieja taberna que a veces reunía a los estudiantes, le gustaba escuchar entre las tranquilas conversaciones del invierno boloñés, gélido y nebuloso como el suyo, y el crujir de los troncos y el parpadeo de las llamas sobre el ocre de las bóvedas, los pasos apresurados bajo los cercanos arcos. Amaba entonces reunirse en un canto mientras la joven anfitriona, roja la enagua y sus hermosas mejillas bajo su peinado ahumado, pasaba una y otra vez delante de él. Fausto era joven y bello. En un día como aquel en la salita tapizada, entre los ritornellos de los órganos automáticos y una decoración floral, desde la salita podía escuchar el correr de la multitud y los ruidos lúgubres del invierno. ¡Oh! ¡Recuerdo! Yo era joven, la mano nunca descansaba quieta para sostener mi rostro indeciso, frágil por la ansiedad y el cansancio. Entonces presté mi enigma a las costureras suaves y ágiles, consagradas por mi ansia de amor supremo, por el deseo de mi infancia atormentada y anhelante. Todo era un misterio para mi fe, mi vida era toda "un ansia del secreto de las estrellas, toda un inclinarse al abismo". Me sentía bello del tormento, inquieto, pálido, sediento, errante tras la larva del misterio. Después hui. Me perdí por el tumulto de las ciudades colosales, vi las blancas catedrales elevarse, enormes masas de fe y sueño, con sus mil púas al cielo, vi los Alpes elevarse como catedrales aún más grandes y llenos de las vastas sombras verdes de los abetos y llenos de la melodía de los torrentes en los que oía el canto naciente del infinito del sueño. Allá, entre los abetos vaporosos en la niebla, entre miles y miles de repiques, las mil voces del silencio, desvelada una joven luz entre los troncos, por senderos de claridades subía: subía a los Alpes, con el blanco y sobre el fondo un delicado misterio. Lagos, allá arriba entre riscos claros, pozas veladas por la sonrisa del sueño, pozas claras, lagos estáticos del olvido que tú, Leonardo, pintabas. El torrente me contaba oscuramente la historia. Me fijo entre las lanzas inmóviles de los abetos, creyendo a veces que ronda una nueva melodía salvaje y pura, muy triste miraba las nubes que parecían demorarse curiosas un instante sobre aquel paisaje profundo y lo espiaba y se desvanecía detrás de las lanzas inmóviles de los abetos. Y pobre, desnudo, feliz de ser un pobre desnudo, de reflejar por un instante el paisaje como un recuerdo encantador y horrible en el fondo de mi corazón salí: y llegué, llegué allí donde las nieves de los Alpes me cerraban el camino. Una niña en el torrente se lavaba, lavaba y cantaba en las nieves de los blancos Alpes. Se volvía, me acogía, en la noche me amó. Y todavía en el fondo los Alpes el delicado misterio blanco, en mi recuerdo se enciende la pureza de la lámpara estelada, brilló la luz de la tarde de amor.

 

 

 (De "La notte", Canti orfici, 1914)





martes, 20 de julio de 2021

SONETO, de LUÍS DE CAMÕES

 



Cambian los tiempos, cambian voluntades,

cambia el ser, se trueca la confianza;

todo el mundo se ordena a la mudanza,

tomando siempre nuevas cualidades.

 

Continuamente vemos novedades,

diferentes en todo a la esperanza;

del mal quedan penas en remembranza,

y del bien (si alguno hubo), las saudades.

 

La edad cubre el suelo de verde manto,

que ya envuelto fue de nieve fría,

y, en fin, convierte en llanto el dulce canto.

 

Y, a más de este cambiarse cada día,

otra mudanza hace de amor espanto,

que no se muda ya como solía.



miércoles, 19 de mayo de 2021

DESQUITE, de GESUALDO BUFALINO



La vida no duele siempre,

puede desgarrarte las velas, robarte el timón,

matar tus compañeros uno a uno,

juguetear a los cuatro vientos con tu barco,

abrasarte, secarte el corazón

como la menguada oblea que te queda,

para regalarte en la hora

del último naufragio

sobre tus vergüenzas de viejo

los grandes ojos, el radiante

enamorado estupor

de Nausícaa.



(De L'amaro miele, 1982)


sábado, 15 de mayo de 2021

EL ÚNICO ADIÓS, de SALVADOR OLIVA


 


Nunca se acaba de morir la añoranza:

hay cosas tuyas que mi cuerpo

no sabrá abandonar nunca, y me es igual

si siento cómo forcejean, tibias, las horas

felices de una mañana de mayo para decirme

justamente que no lo eran. Es entonces

cuando se me hacen crueles los atributos

de los años que pasaron después. Pero los sentidos

no pueden olvidar aquellos días

de colores claros, y el deseo satisfecho

sabe negar la voz del tiempo: la añoranza

fue el único adiós que no te dije.


(De Marees del desig, 1983)




miércoles, 12 de mayo de 2021

SUNION, de CARLES RIBA


 

SEGUNDA ELEGÍA


¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría,

tú y tu sol leal, rey de la mar y el viento:

por tu recuerdo, que me alza, feliz de exaltada sal,

con tu mármol rotundo, noble y antiguo yo, como él.

¡Templo mutilado, desdeñoso de aquellas columnas

que en el fondo de tu caída, bajo la ola gozosa,

duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altitud,

por el marinero, que por ti dirige bien su rumbo;

por el briago de tu nombre, que a través del soto

te busca, intenso como la certeza de los dioses;

por el exiliado que entre las lóbregas arboledas te atisba

súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal! y conoce

por tu fuerza la fuerza que le salva de los golpes del destino,

fértil de lo que dio, y en su ruina tan puro.


(De Elegies de Bierville, 1943)



LA PITA EN LA ROCA, de EUGENIO MONTALE

  El enojado aventar del siroco que el abrasado terreno amarillo verdoso calcina; y arriba, en el cielo lleno de apagadas luces se desliza c...