domingo, 6 de diciembre de 2009

ENCUENTRO CON EL SILENCIO. REMEMORANDO A STÉPHANE MALLARMÉ (1923)


Desde la poesía, desde el pensamiento, y sobre todo desde el silencio. En un ya lejano 14 de Octubre de 1923, un grupo de escritores fue convocado para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Mallarmé. La invitación corrió a cargo del escritor mexicano Alfonso Reyes y acudieron a la cita bajo una misma premisa: hallar acomodo y asiento en algún lugar del Jardín Botánico de Madrid y allí meditar en él durante cinco minutos en silencio, para más tarde escribir lo que habían pensado o urdido durante ese breve lapso de tiempo. Meses después la Revista de Occidente recogía los textos de algunos de ellos.
La fotografía de arriba nos recuerda el acto y a sus "convidados de piedra". De izquierda a derecha, en pie: Mauricio Bacarisse, José Bergamín, Antonio Marichalar, Alfonso Reyes y Enrique Díez -Canedo; sentados: Eugenio d'Ors, José Moreno Villa y José Ortega y Gasset
Los textos de los autores se publicaron en el número cinco -noviembre de 1923- de la Revista de Occidente, si bien en el número anterior, de octubre, apareció en la sección "Asteriscos" una nota anunciándolos, en la que se cercioraba el texto de la convocatoria. Decía así:
" El 14 de octubre de 1923, los miembros de la Société Mallarmé de Paris se reunirán en Valvins, a unos dos kilómetros de Fontainebleau, donde murió el maestro, para consagrarle un recuerdo.
Se propone que hagamos en Madrid una conmemoración semejante. Sin discursos. Un acto -por decirlo así- sin acto. Lo que a Mallarmé le hubiera agradado.
CINCO MINUTOS DE SILENCIO EN RECUERDO DE MALLARMÉ.
Sitio y hora: el domingo, día 14, a las once en punto de la mañana en la puerta del Botánico que da sobre la Feria del Libro.
Se cuenta con usted. Allí encontrará usted a sus amigos."
A dicha convocatoria asistieron los que aparecen en la fotografía que encabeza este post, además de quien en ese momento hacía de fotógrafo, José María Chacón. Faltaron a la reunión tres convidados: Azorín, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna. El primero, peripuesto en sus actividades políticas, tenía que intervenir en un mitin. El segundo, haciendo gala de su mala salud, se quedó en casa "por enfriamiento", como le dijo por carta a Reyes, si bien, como también recoge otra misiva mandada al mismo destinatario, la razón estribaba, más bien, en el alejamiento de Juan Ramón de las actividades que llevaba a cabo Ortega y su grupo:
"Como era de esperar, en este 1923 se está confundiendo "sencillez" con "simpleza"; "intelectualismo " con "intelectualería"; "claridad" con "vulgaridad"; "vida" con "periodismo"; "cultura" con "filología", con "lectura secundaria", con "exhumación"; "crítica" con "desahogo"." (Ideolojia (1897-1957) (Metamorfosis IV), Antonio Sánchez Romeralo(ed.), Barcelona, 1990, p. 186)
Por su parte, Gómez de la Serna tenía, ese mismo día, a la misma hora, un entierro; y, como acertadamente comentó Eugenio D´Ors, "-¡Qué competencia!-".
Alfonso Reyes, el convocante, nos ofrece en su texto datos del evento:
"El primero en llegar fue José Ortega y Gasset. Lo vi cuando entraba en la calzada central. Lo llamé de lejos. Era un día neutro, nublado y claro. Algo París de los años 80... Sacudiendo el viento los ramajes de nubes, hizo caer escasas gotas. Luego quedó el tiempo seguro, y había una frescura casi dulce.
(...)
El Botánico tenía una iluminación de vidrieras opacas, de taller fotográfico. Cada árbol, al paso, nos decía una palabra, como al estudioso Goethe en sus escursiones de naturalista; la palabra escrita en su etiqueta: Almez, Alerce, Sófora Japónica, Pawlonia, Arce Sacarino.
Cada árbol, al paso, traía tejido en las ramas todo el ambiente de su paisaje propio: uno filtraba un cielo griego por entre su follaje claro; otro encuadraba un tenue horizonte japonés entre las antenas curvas de dos guías floridas; la torre del ciprés hendía -y lo creaba- el aire de Fiésole."
Mientras Díez-Canedo cronometraba los cinco minutos, Juan Ramón, desde su casa, depuraba un poema de 1913 que comenzaba:
"Después del resplandor súbito,
venía un vacío frío...
Fui seguro hacia su sombra,
-pero ciego-"
Mandó este poema a Revista de Occidente, con un pequeño comento, en el que se lee:
"Según mi cálculo, en los cinco eternos minutos del "silencio a Mallarmé", debí andar -con la imagen del quieto museo de vegetales mármoles negros, que ustedes misteriosamente complicaban, de nuestro carbonoso, sucia, estrepitosamente vecindado, tristísimo Botánico, viéndose entre las barras de luz de oro de los versos octosílabos- por la segunda mitad de mi poesía."
Las aportaciones fueron interesantes aunque desiguales, y pocas, ciertamente, tuvieron en cuenta a Mallarmé (salvedad de Reyes y Bergamín). De entre todas destacaré la genial de D´Ors:
"El primer minuto pudo pecar, necesariamente, de dispersión y de aleteo.
El segundo minuto se balanceó un poco y cayó con lentitud espesa, así como cae del pico del cuentagotas farmaceútico la lágrima de jarabe que dosifica una mano escrupulosa.
El tercer minuto se distrajo porque acertó a pasar por las cercanías una figura algo extraña, que sobre la calada caperuza del impermeable negro se había encasquetado un sombrero hongo, negro también. Para la aparición, nosotros fuimos recíprocamente aparición. Se detuvo un punto, miró sin demasiada curiosidad, y se fue.
El cuarto minuto de silencio tuvo calidad de roce de ala. Una tras otra lo fueron sintiendo las frentes descubiertas, con una sucesión que ya excluía el sobresalto.
El minuto final se quedó vacío, y ya dejaba sentir, acaso, cierta superfluidad. Sus paredes se volvieron delgadas y se irisaron, como las de pompa de jabón próxima a romperse. La señal de que el tiempo que había transcurrido le reventó."
Jardín Botánico, bosque meditado.
¡Qué lejos "L´après-midi d´un faune"!
¡Qué lejos Debussy!

1 comentario:

Alfaraz dijo...

JA. , este post me ha gustado bastante, pues ya conocía el acto gracias a unos artículos que le leí a Antonio Marichalar .

Ya iré repasando tus entradas, pues en bastantes aprecio intereses comunes.


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