miércoles, 16 de agosto de 2017

MELANCOLÍA



                                                                Russell Lee



Detén tu vuelo,
alma de la niñez;
breve delirio

(De Haikús de la alcancía)




martes, 15 de agosto de 2017

ZÁNGANOS



                                                                                       Albrecht Dürer

                                                               



Sonoro otoño.
Los zánganos fenecen
tras el placer.

(De Haikús de la alcancía)




lunes, 7 de agosto de 2017

jueves, 27 de julio de 2017

EL BUSCADOR DE LA DICHA




La desdicha estaba sentada sobre una piedra, a los pies del templo. El viejo sostenía el peso de su cuerpo maltrecho sobre sus brazos, recostados en el bastón. Una multitud subía y bajaba por los deteriorados peldaños de la pirámide. Algunos visitantes paraban para descansar en su ascenso o descenso, otros reían de sus forzadas posturas y se regalaban fotografías. Al lado del viejo, en unos bancos de madera se arremolinaba un grupo de turistas franceses que escuchaba la perorata de una guía que inmisericorde les abrumaba.
Como de costumbre, alguien preguntaba por aquel hombre, solitario, que no hacía mas que mirar hacia el promontorio. Se había convertido en una atracción más, un hito añadido a la vagancia de los turistas. La guía bajaba la voz y, como colando una confesión, les relataba que aquel hombre venía casi todas las mañanas, desde hacía más de veinte años, al mismo punto donde ahora se encontraba y dejaba pasar las horas mirando siempre hacia la pirámide, sin pronunciar apenas algún vocablo a quien le preguntaba. Aunque no se sabe a ciencia cierta, parece ser que perdió allí a su mujer o a un hijo, en una visita que junto a ellos haría hace tiempo. Subirían solos por las gradas hasta perderse en las alturas y de allí ya no volverían a ser vistos nunca más por nadie.
El viejo se abandonaba al elevar la mirada hacia la cima. Las más de las veces entornaba los ojos y no los abría hasta mucho más tarde, empapados en lágrimas que él enjugaba lentamente con su pañuelo. Lo que contaban no eran más que chismes. Guardaba el viejo con celo su secreto y nadie, tan solo él, recónditamente sabía lo que allí buscaba o esperaba.
Todas las conjeturas las retenía, sin mostrar ante la gente ninguna aprobación u objeción, y al llegar a la choza que tenía no muy lejos de las ruinas las anotaba en una pequeña libreta que se había comprado en la tienda de souvenirs, ahorrando de lo que sacaba de las escuetas limosnas que le echaban los turistas.
Años más tarde, el viejo dejó de aparecer por la pirámide y los celadores de las ruinas lo encontraron, tiempo después, muerto en el camastro de su chamizo, con una enigmática expresión de dicha. Quién sabe si aquello que esperaba, por fin pudo obtenerlo. Guardo para mí, además de la libreta que me dio mi padre -uno de los centinelas del parque arqueológico-, que lo que aquel anciano buscaba no era sino el encuentro con la buena muerte, la felicidad de desaparecer, de formar con su cuerpo parte de aquella tierra en la que alguna vez la dicha fue a su encuentro.

sábado, 10 de junio de 2017

PNEUMA



Y en el comienzo de todo, en todo estaba el aire. Un viento sibilante cruzaba, entre tinieblas, las espaciosas llanuras, agitaba las aguas de lagunas y mares, encerraba en remolinos los escarpados riscos, penetraba en lo recóndito de las grietas.
Antes de abrir sus ojos, sobre el primer ser humano, acurrucado en la piedra de una caverna, una leve corriente de aire fue extendiéndose: enervó su piel, aventó sus oídos, insufló sus orificios llegando hasta los pulmones, engendrando su aliento primero. Y el primer hombre gimió.

Pablo, como todos los hombres, así vino al mundo, repitiendo aquel momento inicial de la cadena que ahora llegaba a su último eslabón. Su familia se encontraba arremolinada alrededor de la cama, escrutando los últimos gestos. Todo era silencio, menos el leve gimoteo de sus hijos. Pablo cerró sus ojos y su cuerpo cayó en una galería, acurrucado. El aire de sus pulmones fue retirándose lentamente, saliendo de su cuerpo y uniéndose al flujo de las corrientes, hasta confundirse con el viento de la mañana y volver así al comienzo de todo, en donde todo era aire.



viernes, 26 de mayo de 2017

ALTO EN COBÁ


Pude verla:
la mañana vestida de piedras
al ritmo de las bicicletas,
mientras pasaban mudos los siglos.
Pude oírla:
la música apagada de la vida
detenida entre los transeúntes,
amortiguadas las miradas iracundas.
Pude sentirla:
la brisa plácida de la laguna
que ascendía hasta los promontorios
y hundía los corazones en la memoria.
Pude decirla:
la prístina palabra, clara,
mientras cantaban los ángeles
sus cánticos a la muchedumbre.
Pude vivir: ciego, sordo, mudo,
en la edad sin tiempo
y querer morir en ese instante
con la vana esperanza de la felicidad.

                                                         (De Apuntes de una pascua mexicana)

sábado, 20 de mayo de 2017

PORTAM EL GIRA-SOL, DE EUGENIO MONTALE




Porta'm el gira-sol perquè puga trasplantar-lo
a la meua terra cremada per la sal,
i mostre tot el dia al blau mirallejant del cel,  
l'ansietat del seu rostre groc.
Tendeix a la claredat la foscor, 
els cossos es resolen en una fluència
de tinta: aquesta en música. Desaparèixer
és llavors el goig dels goigs.
Porta'm la planta que porta 
al lloc on surt la rosada transparència
i dissipa la vida com l'essència;
porta'm el gira-sol embogit de llum.

(De Ossi di seppia)