sábado, 2 de diciembre de 2017

TIERRA EN EL CIELO (I)


                               Cielo desde Isla Contoy, México (fotografía de Beatriz Millón)


                                                           "Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!"
                                                            (Federico García Lorca, Llanto por Ignacio...)





Qué soledad la del mar;
los cauces secos están
y nuestras vidas, lejanas,
allí no irán. Oh, inmensidad.

Qué lejanas del recuerdo
estas vidas cruzarán
un cielo ignoto, perdidas,
a nuevas vidas quizá.

Tierra en el cielo esparcida
nuevo nido habitará
y aquellas edades idas
un nuevo fruto darán.

Tiempo perdido del mundo
ya no nutrirá de sal
esa sed de ansia infinita,
mas luz nueva alumbrará.




domingo, 26 de noviembre de 2017

EL EXILIO DE LA PIEDRA


                                                                      (Cobá, México)



La luz tamizada de este sol blanco
me rescata de su mudez
la vida íntima de la piedra,
el latido duro de su corazón
en la maravilla sólida de su silencio
en el grávido peso de su presencia.

Allá en la altura, en su alzada,
despliega sus enigmas minerales,
fábula de estratos sin sosiego,
remotas huellas de tiempos sin memoria.

La luz ha dado hoy voz a su reposo
y de su canto se han forjado
sueños de huidas,
de pérdidas y derrotas
en un ardiente exilio de ausencias.



lunes, 23 de octubre de 2017

EL VIAJE AL INFRAMUNDO Y EL (RE)CONOCIMIENTO (I)




En la mítica obra de la Antigüedad clásica, la Odisea, encontramos un curioso pasaje que nos permite conectar el mundo clásico antiguo con el mundo medieval occidental, más concretamente, nos permite enlazar a Homero con Dante. El nexo de unión será el inframundo, el país de los muertos -en un caso la morada del Hades pagano, en el otro, el Infierno cristiano- y el viaje como conocimiento.
Nos referimos al Canto XI en el que Homero relata el viaje que Ulises y sus hombres realizan al Hades –aconsejados por Circe- para preguntar a Tiresias por el camino de regreso a Ítaca. Allí se encontrará Ulises no sólo con el célebre adivino, personaje del Edipo, Rey, de Sófocles, sino que deambularán y hablarán con él otros personajes míticos, de entre los cuales destaca el encuentro de Ulises con su madre.
Ulises, cuenta Homero, se dirigió con sus hombres, en el negro bajel, a los confines del Océano y, después de coger unas ovejas de la ciudad de los Cimerios para su sacrificio, se encaminó donde le dijo Circe:

"Allí Perimedes y Euríloco sostuvieron las víctimas, y yo, desenvainando la aguda espada que cabe el muslo llevaba, abrí un hoyo de un codo por lado; hice a su alrededor libación a todos los muertos, primeramente con aguamiel, luego con dulce vino y a la tercera vez con agua y lo despolvoree todo con blanca harina. Acto seguido supliqué con fervor a las inanes cabezas de los muertos, y voté que, cuando llegara a Ítaca, les sacrificaría en el palacio una vaca no paridera, la mejor que hubiese, y que en su obsequio llenaría la pira de cosas excelentes, y también que a Tiresias le inmolaría aparte un carnero completamente negro que descollase entre nuestros rebaños. Después de haber rogado con votos y súplicas al pueblo de los difuntos, tomé las reses, las degollé encima del hoyo, corrió la negra sangre y al instante se congregaron saliendo del Erebo, las almas de los fallecidos: mujeres jóvenes, mancebos, ancianos que en otro tiempo padecieron muchos males, tiernas doncellas con el ánimo angustiado por reciente pesar, y muchos varones que habían muerto en la guerra, heridos por broncíneas lanzas, y mostraban ensangrentadas armaduras: agitábanse todas con grandísimo murmurio alrededor del hoyo, unas por un lado y otras por otro; y el pálido terror se enseñoreó de mí. Al punto exhorté a los compañeros y les di orden de que desollaran las reses, tomándolas del suelo donde yacían degolladas por el cruel bronce, y las quemaran inmediatamente, haciendo votos al poderoso Hades y a la veneranda Persefonea; y yo, desenvainando la aguda espada que cabe al muslo llevaba me senté y no permití que las inanes cabezas de los muertos se acercaran a la sangre antes que hubiese interrogado a Tiresias.

(………)

Diciendo así, el alma del soberano Tiresias se fue a la morada de Hades apenas hubo proferido los oráculos. Mas yo me estuve quedo hasta que vino mi madre y bebió la negruzca sangre. Reconocióme de súbito y díjome entre sollozos estas aladas palabras:

—¡Hijo mío! ¿Cómo has bajado en vida a esta obscuridad tenebrosa? Difícil es que los vivientes puedan contemplar estos lugares, separados como están por grandes ríos, por impetuosas corrientes y, principalmente, por el Océano, que no se puede atravesar a pie sino en una nave bien construida. ¿Vienes acaso de Troya, después de vagar mucho tiempo con la nave y los amigos? ¿Aun no llegaste a Itaca, ni viste a tu mujer en el palacio?

Así dijo; y yo le respondí de esta suerte:
—¡Madre mía! La necesidad me trajo a la morada de Hades, a consultar el alma de Tiresias el tebano; pero aún no me acerqué a la Acaya, ni entré en mi tierra; pues voy siempre errante y padeciendo desgracias desde el punto que seguí al divino Agamemnón hasta Ilión, la de hermosos corceles, para combatir con los troyanos.

Mas, ea, habla y responde sinceramente: ¿Cuál hado de la aterradora muerte acabó contigo? ¿Fue una larga enfermedad, o Artemis, que se complace en tirar flechas, la que te mató con sus suaves tiros? Háblame de mi padre y del hijo que deje, y cuéntame si mi dignidad real la conservan ellos o la tiene algún otro varón, porque se figuran que ya no he de volver. Revélame también la voluntad y el pensamiento de mi legitima esposa: si vive con mi hijo y todo lo guarda y mantiene en pie, o ya se casó con el mejor de los aqueos.

Así le hablé; y respondióme en seguida mi veneranda madre:

—Aquella continúa en tu palacio con el ánimo afligido y pasa los días y las noches tristemente, llorando sin cesar. Nadie posee aún tu hermosa autoridad real: Telémaco cultiva en paz tus heredades y asiste a decorosos banquetes, como debe hacerlo; el varón que administra justicia, pues todos le convidan. Tu padre se queda en el campo, sin bajar a la ciudad, y no tiene lecho ni cama, ni mantas, ni colchas espléndidas: sino que en el invierno duerme entre los esclavos de la casa, en la ceniza, junto al hogar, llevando miserables vestiduras; y, no bien llega el verano y el fructífero otoño, se le ponen por todas partes, en la fértil viña, humildes lechos de hojas secas donde yace afligido y acrecienta sus penas anhelando tu regreso, además de sufrir las molestias de la senectud a que ha llegado. Así morí yo también, cumpliendo mi destino: ni la que con certera vista se complace en arrojar saetas, me hirió con sus suaves tiros en el palacio, ni me acometió enfermedad alguna de las que se llevan el vigor de los miembros por una odiosa consunción; antes bien la soledad que de ti sentía y la memoria de tus cuidados y de tu ternura, preclaro Odiseo, me privaron de la dulce vida.

Así se expresó. Quise entonces efectuar el designio, que tenía formado en mi espíritu, de abrazar el alma de mi difunta madre. Tres veces me acerqué a ella, pues el ánimo incitábame a abrazarla; tres veces se me fue volando de entre las manos como sombra o sueño. Entonces sentí en mi corazón un agudo dolor que iba en aumento, y dije a mi madre estas aladas palabras:

—¡Madre mía! ¡Por qué huyes cuando a ti me acerco, ansioso de asirte, a fin de que en la misma morada de Hades nos echemos en brazos el uno del otro y nos saciemos de triste llanto? Por ventura envióme esta vana imagen la ilustre Persefonea, para que se acrecienten mis lamentos y suspiros?

Así le dije; y al momento me contestó mi veneranda madre:


—¡Ay de mi hijo mío, el más desgraciado de todos los hombres! No te engaña Persefonea, hija de Zeus, sino que esta es la condición de los mortales cuando fallecen: los nervios ya no mantienen unidos la carne y los huesos, pues los consume la viva fuerza de las ardientes llamas tan pronto como la vida desampara la blanca osamenta; y el alma se va volando, como un sueño. Mas, procura volver lo antes posible a la luz y llévate sabidas todas estas cosas para que luego las refieras a tu consorte".

(Traducción de Lluís Segalà i Estalella)




martes, 19 de septiembre de 2017

SALMO Y PARÁBOLA DE LA MEMORIA PRÓDIGA, DE MARIA CABRERA I CALLÍS




Padre mío que no estás ya en el pueblo,
padre mío que quizá alguna vez distraídamente te quería,
padre mío que te fuiste sin ganas por la calle,
padre mío que quizá algún día muy discreto me querías,
por la sangre que nos corría tan brava por las venas,
por los rasgos de tu cara que se me borran,
como el grito que ahoga mi pecho,
¡padre mío!,
por la cicatriz que partía en dos tu vientre,
¡padre mío!,
por las secretas biznas de cebolla en los dedos de la madre,
por las tardes tan pálidas en la cocina de casa,
¡padre mío!,
por las confusas voces de la tarde,
por los gritos y llantos y las terrazas en batida,
¡padre mío!
por el olor a gasoil de tu ropa cuando llegabas del trabajo, padre mío,
por los sueños que debían ser tuyos escurriéndose por la pila, padre mío,
por mis hermanos escurriéndose por la pila,
¡oh padre mío!,
que recobre la memoria, la memoria del padre y del hijo,
la memoria, la gata vieja,
la memoria, ¡oh padre mío!,
el hilo que me une a tus nombres, a tus manos, a tu cráneo rotundo,
a tu risa que no me agradaba,
a tu vientre partido por la cicatriz del destino,
¡padre mío!,
que no tenga que quemar nunca más mi memoria,  padre mío,
y que no tenga que encontrármela de improviso nunca más,
disfrazada de mujer despeinada, con gabardina, llorando
en una ventosa esquina de Manhattan
cuando yo tan solo quería ir a coger hinojo pasado el puente de los colorados,
¡oh padre mío!

Padre mío, que encuentre toda la memoria, ¡padre mío!,
que encuentre intactas las condenas de niña de siete años,
que encuentre intactos el hinojo y las amapolas[i] coloradas
—  ¿gallo, gallina o pollo, padre mío? —,
que encuentre intactas tu historia y la mía, juntas, queriéndose, padre mío,
como nunca pudieron ser,
como nunca podrán ser, ahora,
oh padre mío,
padre mío que no estás ya en el pueblo.


(De La matinada clara, 2010)




[i] En catalán “gallaret” o “galleret”, tiene, además del significado de amapola, el de gallo pequeño; de ahí el juego de palabras con el siguiente verso.





miércoles, 16 de agosto de 2017

MELANCOLÍA



                                                                Russell Lee



Detén tu vuelo,
alma de la niñez;
breve delirio

(De Haikús de la alcancía)




martes, 15 de agosto de 2017

ZÁNGANOS



                                                                                       Albrecht Dürer

                                                               



Sonoro otoño.
Los zánganos fenecen
tras el placer.

(De Haikús de la alcancía)




lunes, 7 de agosto de 2017