domingo, 31 de mayo de 2020

CANDELES

                                            Cementeri de Godella. Ignacio Pinazo

                                                                       "El cementeri és l'arxiu d'allò que no ha sabut dir-se"
                                                                                                                                  Ignacio Pinazo


Totes les coses que no hem sabut dir

es muden en la llàgrima que roda

i nodreixen el no res que serem.

El batec de les campanes s’allunya

i perviu en la nota final del silenci.

El pols de la terra bressola l’alé encara

i ens endinsa en la remor d’un vent

que esfuma els blaus del cel

i revifa les candeles

somortes en el més enllà.


(De Desvetllament)


viernes, 29 de mayo de 2020

A PEU DE PLATJA




Escolta el silenci
en l’horabaixa dels dies,
les veus  perdudes
en el buit de l’horitzó,
la maror de les ones
que acallen la dolorida
pell del món
en les batalles del desig.
Trenca el crit contra la escuma
i espera la distància dels adéus.
Oblida’t,
despulla el sentiment
de tot allò passatger
i mulla’t els peus
en aquesta platja lleu
esperant un raig
de claror infinita
al bell mig de la nit.


(De Desvetllament)


domingo, 24 de mayo de 2020

INTEMPÈRIE




Obri l´ull el garrofer
endinsat al somni de la terra.
La claror llisca pels segats rojos,
per la reïna dels pins,
ofuscant-se al si
de les fonts falagueres.
La nit es despulla lentament
mostrant la nuesa de la llum,
aquest cos negre tremolant.
Les llànties del dolor del món
copsen la foscor de la nit.
No m´abandoneu,
paraules de sons misteriosos,
a la solitud de la tenebra.


(De Desvetllament)

miércoles, 20 de mayo de 2020

VESPRES




Canyars plens de plomalls,
vidres de gebre
damunt el líquid metall.
Ànimes solcades de flaires
de térbol vespre
passegen el seu somni
per les voreres de la marjal.


(De Desvetllament)



martes, 19 de mayo de 2020

EL BOTÁNICO CAVANILLES VISITA SAGUNTO: UNA FICCIÓN EN LA HISTORIA.

El gran botánico de la Ilustración valenciana, Antonio José Cavanilles, recibió en 1791 el encargo del monarca Carlos IV de realizar un extenso estudio “de los vegetales de la nación”, y comenzó por examinar la flora que tenía más cercana, dando lugar, cinco años más tarde, a su libro, Observaciones sobre Historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia.
En agotadoras y exhaustivas jornadas de trabajo de campo, Cavanilles recorrió todo el territorio del Reino y en una de esas excursiones científicas recaló en la comarca que hoy denominamos Camp de Morvedre, haciendo su entrada por Almenara y recorriendo, antes de llegar a Morvedre, la subcomarca de la Vall de Segó.
Una vez en Morvedre contactó con varios sujetos que le suministraron una valiosa información: boticarios, labradores, pastores, el cura párroco y varios ilustrados locales, entre los cuales sobresalió el abogado Enrique Palos y Navarro. Este le acompañó en el viaje por el teatro y el castillo, y de esa pesquisa dejó anotadas Cavanilles unas valiosas líneas en su obra.
Después de pasar todo el día investigando por la ciudad y sus aledaños, Cavanilles se dirigió hacia la Vall de Jesús, zona que se encuentra entre Morvedre y Puçol, no sin antes acogerse a una opípara comida con la que quisieron obsequiar las autoridades de la Villa a tan ilustre científico viajero, representante de su Majestad.
El caso es que, bien fuese por la fatiga del trabajo, bien por lo copioso de las viandas, apenas recorridas unas leguas del camino de Puçol, Cavanilles tuvo que parar y descansar al arrimo de la sombra de un algarrobo que se hallaba allí cerca del camino.
En su siesta, tuvo nuestro botánico un extraño sueño en el que se le apareció nada menos que un ilustre antecesor suyo en las lides de las ciencias naturales, el romano Plinio el Viejo, cuya obra seguía siendo un cúmulo inigualable de saberes. Con él deparó una agradable y ejemplar conversación. Y quiso, en ese sueño, instruirle Plinio en la apreciación de los boleti tóxicos:
“Algunas de las setas venenosas se reconocen fácilmente por su tono rojo claro, su aspecto rancio y su color grisáceo por dentro; están llenas de grietas y estrías y con el borde pálido. No todas las venenosas son de este tipo, pues hay algunas secas y muy parecidas a las comestibles, que llevan como unas gotas blancas encima, que caen desde la piel externa.”
Cavanilles despertó sobresaltado y empapado en sudor. Creyó, en su sueño, probar una de aquellas amanitas phalloides que le acercaba con sus manos el viejo Plinio y comenzó a sentir una quemazón insoportable en la boca del estómago y náuseas. Bebió agua en abundancia y más tarde comprendió que todo no era sino fruto del pesado ágape saguntino, la visión de las ruinas romanas visitadas y la lectura que la noche anterior,  pasada en un hostal de Almenara,  hizo del libro XXII de la Naturalis Historia, del sabio romano: “Botánica y plantas misceláneas”.
Después de aquel día, Cavanilles tuvo un especial aprecio y cuidado hacia las setas y siempre que podía, y las condiciones lo aconsejaban, salía a los montes en busca de aquellos boletus que tanto atrajeron a Plinio y que hoy a tantos apasionan.

domingo, 26 de abril de 2020

LLIT I CABAL





Llit i cabal,
la paraula poètica
ens retorna el núvols
dels cels perduts,
dels temps de penúria
les llars fugisseres,
enpemta les barques
cap eixa mar estimada, 
sempre fugitiva.


(De Desvetllament)

domingo, 5 de abril de 2020

LA FIESTA, de JOSEP PIERA

                                     Josep Piera en la Drova, fotografía de Miguel Lorenzo.


No hay nadie. La Fiesta se ha acabado.
He apagado las luces del jardín. Los grises
de todas las mañanas. Perfumes. La luz y yo sonreímos
de nuestras soledades. No hay nadie.
Hace nada, había mesas dispuestas con viandas
apetitosas, músicos que tañían melodías
de otros tiempos, un trajín de conversaciones,
de cubiertos, de deseos, de criaturas,
de adolescentes embriagados por las penumbras…

Ahora hay sillas caídas, papeles esparcidos,
colillas aplastadas, mesas sucias:
botellas vacías, platos hechos añico, manteles
manchados, vasos con hielos diluidos
copas de cava rotas, mondas de frutas,
dulces agriándose, el añil silencio.
Lo que hace nada era presente, es ahora pasado.
A lo lejos la luz gris del alba, contemplo
este mudo espectáculo de apoteósicos despojos
como un soldado herido mira el campo de batalla
después de la victoria. Silencio.

Algún sollozo lejano. El canto de un gallo.
Vivir es tan solo sentir pasar la vida.
Celebremos lo que hemos vivido y lo que vivimos.
Más vale celebrar el gozo, siempre fugaz
que llorar los placeres, ay, perdidos.
Todo es efímero, todo: delirios y dolores.
No hay nadie. Tan solo la noche alejándose
y yo, mudo, haciendo el último brindis, solo.