lunes, 22 de febrero de 2010

IDA VITALE


Me llevó a la escritura de Ida Vitale una referencia biográfica sobre José Bergamín, sobre su magisterio en Uruguay. Allí, a sus clases, asistió como alumna de aquel espíritu inquieto, mordaz y sabio, Ida. Fue difícil entonces acceder a su obra. La vimos al comienzo del segundo milenio en una gavilla de poemas que eligieron para la antología Las ínsulas extrañas, Blanca Varela y Eduardo Milán; y, finalmente, primero con Reducción del infinito (2002), en Tusquets, y depués con Trema (2005) editada por Pre-Textos -sin olvidar la mágica aparición en AdamaRamada de El abecedario de Byobu (2005)-, entonces, digo, su lírica se nos acercó, dejó su impronta en nuestras imprentas y librerías, haciéndonos más accesible su voz.
Mi amigo, el impresor saguntino Antonio Navarro, en uno de sus viajes a Uruguay, me trajo -él sabe cuánto se lo agradezco- una edición del primer poemario de Vitale, La luz de esta memoria (1949), que guardo con mimo y a cuya convocatoria acudo con asiduidad y con certero gozo.
De una lectura que hizo Ida en la Residencia de Estudiantes, el 6 de Octubre de 2008, rescataremos aquí tres poemas. Los dos primeros pertenecen a Procura de lo imposible (1998) y Trema (2005), respectivamente. El último fue presentado como aún inédito. Sirvan para esparcir su simiente:


EXILIOS



"...tras tanto acá y allá yendo y viniendo"
Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan solo.



DE LA POCA MEMORIA

¿Cómo perdí el desmenuzado caballo
en las provincias sueltas?
La palpitante vaca, ciudadana escanciada,
cola festiva y moscas, toda su espuma blanca
febril y con perfume, resistiéndome ingrata,
¿se fue por los caminos?
La moneda de bronce del breve rey de Italia,
¿volvió a la tierra en años de luces discontinuas?
¿Cuándo el mar, el primero, acumuló color
y me lo trajo, llagado del clamor de las gaviotas,
al pie del tren de paja y viento y oro
y palidez de invierno derrotada?
Pasaban cerca flechas de lo asombroso, al blanco.
¿Quién me tensaba el arco?
¿Aquél turquesa azul, dónde dejó
su caja rústica, su mariposa abierta? Sin color,
sin dulzura, sin viento, un derrotado gris
adelanta banderas de estado de tiniebla.
Cuentas al tiempo, cuántas, tan inútiles
y qué inservibles ábacos manejo.




PROGRAMA


I
Recuerda, clara y lentamente, el agua.
Escucha al pájaro:
¿canta apenas su miedo
o demuestra esperanza?
Llega a la rosa y piensa en ella.
No te preocupe el hombre.
Él se basta:
a solas
prepara su cuchillo.





II
Mira, sin olvidar fatalidades,
la creciente, mas disminuida, especie.
Ánclate en lo que tantos desdeñan,
discreta ignora lo que mundo busca,
para así transitar, ya sin enfado,
tu bandera sin viento que desciende.





III
Abre los ojos
a cada parcela de mundo,
brotes de encino o rostro apático.
Una vez más quedarás deslumbrada
o buscarás tus culpas en el aire:
todavía eres presa de la vida.



3 comentarios:

Isabel dijo...

Un rostro afable y una mirada inteligente y un nombre no menos sugerente.

Me gusta especialmente Exilios, se escucha el eco pasado y futuro. Con tu permiso lo copio para guardarlo y releerlo.

Saludos

El Toro de Barro dijo...

Querido Juan Manuel:

Esa metáfora del perro es maravillosa. Me suena a los poetas del realismo mágico español. Y el relato de tu encuentro...
Por favor, me gustaría que te pusiesas en contacto conmigo. Me gustaría editar la entrevista de Ángel Crespo en mi espacio. Y me gustaría, también, solicitar tu colaboración para un proyecto hermoso.
Mi correo es
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

Un fuerte abrazo
Carlos

Juan Antonio Millón dijo...

La fotografía de Ida, Isabel, es de hace pocos meses en Austin. Imagen de una senectud hermosa, encandilada, con esa llama de candil lleno del óleo de Atenea.