martes, 4 de mayo de 2010

LA ESTACIÓN SIN TIEMPO





I
Allí estás, atraída por un paisaje veloz
que atropelladamente huye en la noche,
y buscas, anhelante y vivaz, también tu fuga.
Atrapada en el capricho de los regueros del vidrio,
trémula prisión que la mirada detiene,
indagas en tu historia familiar
la aciaga tormenta en que devino España.
Fluye todo, todo huye en esta noche de aguacero
menos tu retina, en este tren que adviene
hacia una estación sin tiempo.

II
El llanto de tu madre escuchas
en esa noche oscura de tu infancia robada,
en ese tiempo acre de posguerra,
cuando los vagones acogían como seno materno,
una parva esperanza en un viaje ahíto de zozobra.
El aya lunar vigilaba con su manto de luz
el débil gimoteo de los niños perdidos,
y un breve haz de luz atrapado en la lucerna
iluminaba con tenuidad su cabellos y mejillas.
Niños solos, en el ciego túnel de la historia,
manos empapadas de soledad y anhelantes de caricias.
Malhaya la memoria que olvida esta miseria,
la de las vidas arrojadas al desamparo y su intemperie.

III
Luz turbada que se aleja en el recodo de la vía,
luz tenue que avanza trémulamente en la noche
hacia el llanto desesperado de la madre.
Trenes de soledad en el fragor de los lamentos,
trenes abocados a la huida de la infamia,
aireando la miseria y el harapo moral.
Luciérnagas del desasosiego
hacia una estación sin tiempo.

lunes, 3 de mayo de 2010

ENCRUCIJADA




(Never found our way regardless of what they say)


Sí.
Oí tu palabra y su sombra doliente,
pero no me dejé arrastrar
por la muerte dulce de su caricia
desangrándome en el placer
que me niega y me redime.
Así que me iré, después de todo,
arrancando esta luz que me baña la pupila,
ahogándome en el humo de esta locura.