En el curso de mi investigación sobre José Romeu y Parras y su familia, para preparar la conferencia que ofrecí en junio pasado, me topé con la historia bien curiosa de un saguntino de la primera mitad del siglo XIX, sobrino de nuestro famoso guerrillero y empresario. Su nombre, Mariano Mestre Romeu.
Algo sabíamos de él por lo que apuntó Antonio Chabret y lo que nos ofreció José María Cueco en su libro sobre José Romeu, así como alguna nota en algún diccionario en los que se alude a su condición de diputado a Cortes.
En la preparación de un libro que estoy escribiendo sobre José Romeu y su familia (que espero poder publicar la primavera del año que viene), indagando en diversos archivos estatales, di finalmente con su Hoja de servicios donde queda reflejada la agitada y azarosa vida de nuestro compatriota: militar de la Guerra de la Independencia, prisionero en dos ocasiones (la primera en el primer sitio de Zaragoza, de donde logró fugarse; y la segunda en Alcañiz, de donde se le trasladó a Francia, sufriendo un cautiverio de cinco años), llegando al grado de Capitán; tuvo diversos cargos en la Administración del Estado (Director de contribuciones directas en Ávila, Contador de rentas en Santander, y varios cargos en el Ministerio de la Gobernación, siendo Jefe político -lo que hoy es Gobernador Civil- en Santander y en Murcia); fue Diputado a Cortes (en las legislativas de 1839 y 1840); y también ejerció como Alcalde Constitucional de Madrid, nombrado el 8 de julio de 1838, en tiempos de la Regencia de María Cristina, en plena Guerra Carlista.
Sabemos que fue autor de un folleto, Método para activar las operaciones de un ejército ya en batalla, editado en 1842, y también participó de la vida literaria y cultural de Madrid, llegando a editar algunas poesías en revistas de la época.
Se casó en diciembre de 1820 con Maria de la Almudena Valcárcel, hija de Mariano Valcárcel, marqués de Pejas y doña Josefa Ollauri, difunta, de Valencia de Alcántara, con quien tuvo una hija, Mariana Mestre Valcárcel.
Sagunto, en 1877 le dedicó una calle a su nombre, en el arrabal de Santa Ana, como dejó registrado el cronista Antonio Chabret en su Nomenclátor de las calles, plazas y puertas antiguas y modernas de la ciudad de Sagunto, de 1901.
