martes, 18 de agosto de 2020

LLUÍS GUARNER Y SUS TRADUCCIONES DE PAUL VERLAINE


 

La traducción de la obra de Verlaine será una constante en la labor literaria de Lluís Guarner (1902-1986). Así lo prueban sus iniciales incursiones en la traducción de poemas sueltos en diversos periódicos, ante todo Las Provincias, durante los años 20, que después recogería en diversos volúmenes. A estos primeros tanteos aludía el propio Guarner en su prólogo a la Antología poética editada por Bruguera en 1969:

«De pronto, vinieron a mi recuerdo tantas y tantas evocaciones del poeta predilecto desde mi juventud, cuando desde los inicios del aprendizaje del francés, comencé a traducir poemas del maestro admirado y siempre misterioso...».

En 1930 aparecerán, por primera vez, las ediciones de sus traducciones de Paul Verlaine: Sus mejores versos –en la célebre colección «Los Poetas»–, y la Antología poética, publicada en Madrid por la CIAP. También en el ámbito de su labor traductora da a la imprenta su versión de las Poesías del poeta belga Rodenbach, bajo el sello de la editorial catalana Fama.

En carta con fecha de 19 de noviembre de 1930, desde Barcelona, le dice su amigo, el editor valenciano Vicente Clavel:

«El tomito de Rodenbach está ya terminado; pero esta huelga ha impedido tirar el último color de la cubierta, y por esta circunstancia no se podrá encuadernar hasta varios después que se resuelva la huelga de las Artes Gráficas. Hoy es el tercer día de huelga general y usted no puede figurarse lo que esto me trastorna. Después de la huelga de grabadores, que ha durado dos meses y medio, surge la de los tipógrafos. Desde septiembre no he puesto ningún nuevo libro a la venta, y son 10 ó 12 los títulos que tengo terminándose».

Uno de los elogios académicos a sus traducciones de poesía francesa, en este caso de Baudelaire, se halla en una carta que se encuentra en el archivo de Benifairó, correspondiente al entonces profesor de francés de la Universidad de California, William Aggeler, quien en el año 1964 se encontraba en España, realizando una investigación sobre «Baudelaire visto por los españoles». Desde la residencia del CSIC le escribió interesándose por sus traducciones:

«J´approuve complètement le but de votre traduction, et je crois que vous avez reussi admirablement».

Aggeler le comenta que se encuentra en España para preparar un estudio (artículo o monográfico) sobre la evolución de la opinión de los españoles sobre Baudelaire. Quiere comprobar si se produce la misma evolución crítica en la recepción de la obra baudelaireana que la acontecida en Francia, aspecto que ha estudiado su compañero A.E. Carter. Finalmente le pregunta por las traducciones de Teodoro Llorente de Baudelaire que él no ha encontrado y le expone algunas de las opiniones de escritores españoles sobre el maestro del simbolismo.

Unos años más adelante, a finales de los setenta, Teodoro Sáez Hermosilla, catedrático de francés en la Universidad de Cáceres, envió a Guarner diversas cartas interesándose por sus traducciones de Verlaine. En una de ellas le comentaba:

«Puedo anticiparle –y no es en absoluto adulación– que su labor en este punto no sólo es la más abnegada y entusiasta, sino una de las de más alta calidad. Sabía que era Ud. catedrático y suponía que lo era de Francés dado su perfecto conocimiento de tal lengua».

En su tesis dedicada al estudio de Verlaine en España, dice:

«Esta etapa, más dispersa en sus producciones, está dominada por la obra incansable de Luis Guarner que se extiende desde 1929 a 1973. Comprende tres volúmenes de traducciones sobre cinco originales completos, cinco antologías generales y un Apéndice que recopila algunas versiones de la época modernista. Este largo camino de acercamiento hace de Guarner el mejor conocedor en España de la textología de Verlaine».

Este año, 1944, Lluís Guarner ofrecerá, dentro de lo que denominaríamos su faceta verlainiana, tres importantes jalones. En primer lugar, participará en un recital poético, impartido en la Universidad de Valencia por el centenario de Paul Verlaine, el 31 de mayo de 1944. La interpretación lírica del acto corrió a cargo de Juan Bautista Bertrán y hubo un recital cantado por la liederista Helena Benzeft de varias piezas de Fauré y Debussy sobre poemas de Verlaine.

El 23 de abril de 1944 el hispanista francés Maurice Legendre, entonces director de la Casa Velázquez, le escribe a Guarner agradeciéndole el envío de una traducción de Verlaine, diciéndole:

«...al leerla he admirado, como había admirado en sus traducciones de Verlaine, la paradoja de una traducción que vale plenamente como el original, la traducción de un poeta. La verdadera poesía no se agota en las palabras del que primero ha recibido la inspiración, pero bien pocos son los que pueden a la vez respetar y vivificar con palabras nuevas la inspiración que a ellos se comunica».

 Tres días después recibía Lluís otra misiva de Legendre informándole que le había propuesto su nombre a Guinard para que dictara en el Instituto Francés de Madrid una conferencia por el centenario del nacimiento de Verlaine. El día 14 de diciembre, con el título de «Verlaine en España y España en Verlaine», ofrecía Guarner su conferencia al público madrileño.

Este año publicará en la colección «Adonais» de la editorial Hispánica, su traducción de Fiestas galantes y Romanzas sin palabras de Verlaine. Juan Guerrero escribe a Guarner, desde Adonais, en abril de 1944, diciéndole que ha leído su traducción del poema catalán de Jacint Verdaguer, San Francisco, y que la traducción de Verlaine van a editarla pronto:

«…nos (refiriéndose también a José Luis Cano) parece bien darlo con motivo del centenario, ya que estamos en deuda con nuestro ofrecimiento de poetas extranjeros».

Esta participación en Adonais es un exponente de sus relaciones, por entonces, con el grupo poético de posguerra. A este respecto, es muy importante una carta que le envía José Luis Cano, con el membrete de «Adonais», en la que le agradece el envío, desde Algeciras, de su traducción de San Francisco, junto a la separata de Mediterráneo y le informa de la tardanza de la publicación de su traducción de Verlaine, que finalmente se imprimirá a principios de septiembre de 1944.



martes, 19 de mayo de 2020

EL BOTÁNICO CAVANILLES VISITA SAGUNTO: UNA FICCIÓN EN LA HISTORIA.

El gran botánico de la Ilustración valenciana, Antonio José Cavanilles, recibió en 1791 el encargo del monarca Carlos IV de realizar un extenso estudio “de los vegetales de la nación”, y comenzó por examinar la flora que tenía más cercana, dando lugar, cinco años más tarde, a su libro, Observaciones sobre Historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia.
En agotadoras y exhaustivas jornadas de trabajo de campo, Cavanilles recorrió todo el territorio del Reino y en una de esas excursiones científicas recaló en la comarca que hoy denominamos Camp de Morvedre, haciendo su entrada por Almenara y recorriendo, antes de llegar a Morvedre, la subcomarca de la Vall de Segó.
Una vez en Morvedre contactó con varios sujetos que le suministraron una valiosa información: boticarios, labradores, pastores, el cura párroco y varios ilustrados locales, entre los cuales sobresalió el abogado Enrique Palos y Navarro. Este le acompañó en el viaje por el teatro y el castillo, y de esa pesquisa dejó anotadas Cavanilles unas valiosas líneas en su obra.
Después de pasar todo el día investigando por la ciudad y sus aledaños, Cavanilles se dirigió hacia la Vall de Jesús, zona que se encuentra entre Morvedre y Puçol, no sin antes acogerse a una opípara comida con la que quisieron obsequiar las autoridades de la Villa a tan ilustre científico viajero, representante de su Majestad.
El caso es que, bien fuese por la fatiga del trabajo, bien por lo copioso de las viandas, apenas recorridas unas leguas del camino de Puçol, Cavanilles tuvo que parar y descansar al arrimo de la sombra de un algarrobo que se hallaba allí cerca del camino.
En su siesta, tuvo nuestro botánico un extraño sueño en el que se le apareció nada menos que un ilustre antecesor suyo en las lides de las ciencias naturales, el romano Plinio el Viejo, cuya obra seguía siendo un cúmulo inigualable de saberes. Con él deparó una agradable y ejemplar conversación. Y quiso, en ese sueño, instruirle Plinio en la apreciación de los boleti tóxicos:
“Algunas de las setas venenosas se reconocen fácilmente por su tono rojo claro, su aspecto rancio y su color grisáceo por dentro; están llenas de grietas y estrías y con el borde pálido. No todas las venenosas son de este tipo, pues hay algunas secas y muy parecidas a las comestibles, que llevan como unas gotas blancas encima, que caen desde la piel externa.”
Cavanilles despertó sobresaltado y empapado en sudor. Creyó, en su sueño, probar una de aquellas amanitas phalloides que le acercaba con sus manos el viejo Plinio y comenzó a sentir una quemazón insoportable en la boca del estómago y náuseas. Bebió agua en abundancia y más tarde comprendió que todo no era sino fruto del pesado ágape saguntino, la visión de las ruinas romanas visitadas y la lectura que la noche anterior,  pasada en un hostal de Almenara,  hizo del libro XXII de la Naturalis Historia, del sabio romano: “Botánica y plantas misceláneas”.
Después de aquel día, Cavanilles tuvo un especial aprecio y cuidado hacia las setas y siempre que podía, y las condiciones lo aconsejaban, salía a los montes en busca de aquellos boletus que tanto atrajeron a Plinio y que hoy a tantos apasionan.

lunes, 23 de marzo de 2020

VIAJE A MURVIEDRO DEL "GENTILUOMO" GIOVANNI BEMBO (1505)

Dibujo del teatro romano saguntino por Anton Van Wyngaerden (1563) 




Imaginar a Giovanni Bembo con sus caballeros venecianos, acompañados por el poeta sevillano Juan Partenio Tovar –de quien se resaltaba su extravagante forma de vestir en la Valencia del XVI- y el joven Juan Luis Vives, declamando y tomando apuntes y bocetos de las ruinas y las letras romanas, es una de las bellas imágenes que no debemos olvidar y que podemos formarnos de un tiempo cuya memoria hoy sólo nos traen viejos papeles o libros eruditos.

El veneciano Giovanni Bembo (1473-1547) visitó nuestra ciudad a comienzos del siglo XVI, cuando los humanistas de toda Europa se acercaban a ella en busca de las huellas arqueológicas de la Antigüedad. Allí copió varias inscripciones, pudo contemplar y gozar de los grandes vestigios de la Antigüedad (el Teatro romano y el “Templo de Diana”), acompañado por el poeta, recién nombrado catedrático de Poesía y Oratoria en la Universidad de Valencia (1503) −venido de Roma y protegido de los Borja−, Juan Partenio Tovar quien ejerció hasta el curso 1513-14, teniendo como alumno a un joven Juan Luis Vives antes de verse obligado a su exilio a las tierras del Norte.

El relato de aquella visita la hizo el propio Bembo en una carta latina[i] que escribió a un amigo de Corfú, Andrea Anesi, en 1536, y que recogió y publicó el Abate Iacopo Morelli, bibliotecario de San Marco, en Venecia (1803).  




[i] Leemos en dicha carta: “Tunc fama excidii Saguntìni pellexit me cum Parthenio Tovar poeta Saguntun ire, quod a Valentia distat quinque millia passuum. nunc dicitur Monvedro. Vestigia maxime urbis adparent, et Templum Dianae conspicitur, et Teatrum integrum cum suis scenis in declivo montis aedificatum. Sagunti multa Epitaphia descripsi ...”.


lunes, 16 de marzo de 2020

BENEDETTO CROCE EN SAGUNTO (1889)







Un joven Benedetto Croce, con tan solo veintitrés años, visitó la ciudad de Sagunto en la primavera de 1889. Lo acompañaba su paisano y antiguo compañero de estudios, Francisco Capece Galeota. Este viaje por la península, recorriendo paisajes y ciudades de España y Portugal, fue espoleado por la lectura del libro de Edmondo De Amicis, España, publicado en 1872, y por su interés y sus estudios sobre la historia de las relaciones entre España y el reino de Nápoles. Al mismo tiempo, suponía un asueto para despejar la tristeza en la que se vio sumido el joven filósofo e historiador, cuando cinco años antes su familia, sus padres y su hermana, murieron en Casamicciola –en la isla de Ischia, donde veraneaban- debido a un terrible terremoto que le dejó también a él semienterrado y malherido entre los escombros de aquel seísmo.
De aquel viaje, tomó Croce unas notas por aquel entonces que, posteriormente en 1926, retomó para pasarlas a limpio, aunque no las daría a la luz pública; hasta que en 1961, nueve años después de su muerte, fue publicado por su amigo y biógrafo, Fausto Nicolini, como separata del Bolletino dell´Archivio storico del Banco di Napoli.
Las notas referentes a su visita saguntina fueron publicadas en la revista Braçal (en el número 9, de 1994), traducidas y con una introducción del catedrático de italiano de la Universidad de Salamanca, Félix Fernández Murga, con quien contacté y al que pedí que nos pasara -al Centre d´Estudis del Camp de Morvedre- un adelanto de su trabajo, que sería, un año después, publicado por la Universidad de Sevilla: Benedetto Croce, En la península ibérica. Cuaderno de viaje (1889), Sevilla, 1993.
He aquí lo que nos legó Benedetto Croce:

15 DE MAYO
Al tomar el tren para Murviedro (Sagunto) a primeras horas de la mañana, nos hemos encontrado en el vagón con un viejecito muy pulido y simpático, que en un primer momento nos ha ofrecido sus periódicos para que los leyéramos, y luego ha entablado conversación con nosotros y, al saber que éramos italianos y que íbamos a Sagunto, nos ha dicho: Siento mucho no poder acompañarles y hacerles de guía; pero les voy a dar una tarjeta de presentación para un amigo mío, don Antonio Chabret, que es el historiador de Sagunto. El viejecito es también a su vez un erudito local de Valencia: Eduardo Pérez y Pujol[i] (Eixarchs, 7, Valencia), según hemos leído en su tarjeta de visita. Pero, desafortunadamente, en Sagunto no hemos podido encontrar a Chabret, que había salido a dar una vuelta por asuntos de su profesión y que volvería demasiado tarde para nosotros. De todos modos, he comprado su obra en la tienda del salchichonero, tabaquero y librero del lugar. Dando una vuelta por la Sagunto moderna, hemos visitado su iglesia gótica de bella fachada, abarrotada de mujeres sentadas al modo oriental. Hemos subido luego al castillo con la guía de un soldado. Dicho castillo cubre toda la colina en la que se alzaba la ciudad antigua: al lado izquierdo de la colina, mirando al mar, están las ruinas del teatro; más abajo, casi toda en el llano, está Murviedro, que ahora ha vuelto a tomar el nombre de Sagunto. La colina de la antigua Sagunto surge en una cuenca cerrada por un circo, más amplio y lejano, de otras colinas, y es muy pendiente por todos sus lados, excepto uno, por el que baja más suavemente hacia el llano. A la vuelta hemos visitado el teatro, donde se hacían las funciones, como explicaba el guardián. Hemos permanecido un buen rato en la colina, disfrutando desde allí de la jornada, triunfante de luz, y de la vista de la fertilísima campiña valenciana.”




[i] Eduardo Pérez Pujol fue un Catedrático de Derecho, que ocupó el cargo de Rector de la Universidad de Valencia durante varios años. Un distinguido intelectual progresista, adscrito al krausismo. En el momento en que Croce lo conoce se encuentra jubilado.


sábado, 7 de marzo de 2020

SANTIAGO RUSIÑOL: LA MIRADA MODERNISTA EN SAGUNTO





Los viajeros no sólo han dejado su huella en la escritura, bien sea en cartas, diarios o en alguna de las variedades de la literatura de viaje, sino que sus manos les han llevado al papel, al lienzo –o a cualquier otro soporte o materia- donde la línea, el color, el volumen, la imagen en definitiva, ha estampado su impronta. Dibujos, cuadros, grabados, escultura, etc., nos hablan del paso de sus autores y de su visión –naturalista, idealizada, simbólica….- de nuestra ciudad.
            Hoy recalaremos en la visita y la estancia del pintor y escritor modernista Santiago Rusiñol a nuestra tierra. Fue a comienzos del siglo XX y el periódico de Teodoro Llorente recogía en su edición del domingo 7 de abril de 1901 la noticia: “Ha llegado a Valencia el distinguido y afamado pintor y literato catalán D. Santiago Rusiñol. Acompañado por varios socios del Círculo de Bellas Artes ha visitado nuestra población y le acompañarán el lunes a Sagunto”. La visita de Rusiñol obedecía a dos propósitos principalmente: promover el estreno de su obra L´alegria que passa en el Teatro Ruzafa por la Compañía valenciana de Agapito Cuevas y el estudio pictórico de jardines, cementerios y calvarios.
            Acompañado, entre otros,  por su amigo y discípulo, el joven periodista y abogado –después gran escritor y músico-, Eduardo López Chavarri y el catedrático de Bellas Artes de la Universidad de Valencia, Rafael Domènech, se dirigió a Sagunto el lunes 8 de Abril de 1901, donde les esperaba el médico y cronista saguntino, Antonio Chabret Fraga.
            Aquí residió durante unas semanas, al menos hasta el 24 de Abril, cuando en el Círculo de Bellas Artes ofreció una lectura pública de su obra dramática Llibertat, de la cual escribió varias escenas durante su estancia saguntina. Así lo recogía la prensa: “Santiago Rusiñol gran artista cuya alma de poeta tiene inspiraciones admirables, dio al Círculo las primicias de una obra escénica, que ha comenzado á escribir en Sagunto y que es una producción llena de nervio…”.
            Pero, además de dedicarse a escribir su obra teatral, y -acompañado de la mano y la sabia explicación de Antonio Chabret-, pasear, visitar las ruinas antiguas –López Chavarri recordaría, años más tarde, cómo Rusiñol recitó de memoria versos de Verdaguer en la escena vacía del teatro-, así como asistir a varias audiones musicales –entre ellas, el estreno de la zarzuela de Chabret El Fantasma-, el artista catalán fijó su mirada pictórica y poética sobre nuestra población, y de ella surgieron, al menos, tres excelentes lienzos: Calvari de Sagunt (aunque no se sabe su paradero en la actualidad, se poseen de él varias fotografías), Calvari cap a la tard (propiedad de la Hispanic Society of America), y Teatre Romà de Sagunt (propiedad de la Spanish Heritage de Nueva York). Además de los lienzos y de las noticias escritas sobre Rusiñol, hoy podemos reconstruir el paso y la huella de Rusiñol en Sagunt, gracias a unas fotografías, de las cuales hoy ofrecemos una curiosa toma sobre el Teatro saguntino, donde el pintor modernista nos ofrece su mirada legada a la posteridad.

viernes, 6 de marzo de 2020

EL VIAJERO ROMANO, CASSIANO DAL POZZO, CONTEMPLA MORVEDRE DESDE EL MAR






La mayoría de viajeros que han dejado la huella de su paso por Sagunto y su comarca hicieron su periplo por tierra y aquello que anotaron y recordaron es su visión de caminantes por nuestras calzadas, de paseantes por nuestras calles, o de senderistas por las montañas de nuestra orografía.
Pero si esto es así en la mayoría de viajeros, también es cierto que los ha habido que, aún no habiendo podido hollar su pie nuestra tierra, de ella no dejaron de hablar en sus escritos viajeros, si bien viéndola desde la distancia. Hoy nos centraremos en un viajero que tuvo la imagen de la ciudad de Murviedro y de sus muros y murallas en ruinas que jalonan su montaña, desde la cubierta de un barco, a su paso por la travesía marítima de nuestras costas.
El primer viaje de este tipo que describiremos será el que tuvo lugar a comienzos del siglo XVII, y del que nos dejó constancia escrita en su Diario, el erudito romano Cassiano dal Pozzo, acompañando a una legación papal comandada por el Cardenal Francesco Barberini. La legación papal del nepote la constituían cerca de cien personas, entre gentilhombres, camareros y criados.  Entre los primeros se hallaba un nutrido grupo de gran relevancia intelectual como Giovanni Battista Panfilio, el futuro Papa Inocencio X; el dramaturgo Giulio Rospigliosi, quien sería Papa Clemente IX; el poeta Girolamo Preti; el erudito escocés, George Conn; el amigo de Galileo Galilei, Ascanio Piccolomini de Aragón, futuro obispo de Siena; o el copero y consejero artístico, autor del Diario, Cassiano dal Pozzo.
El motivo del viaje de la legación era la misión diplomática de intercesión del Papa Urbano VIII entre las dos grandes potencias católicas regidas entonces por Luís XIII y Felipe IV, por encontrar la paz en la guerra por el control de la Valtellina, un valle estratégico situado al norte de Italia, lugar de paso de los Tercios hispánicos, entre el Estado de Milán y los Paises Bajos, en el recorrido del “camino español”. Así como asistir al bautismo de la infanta María Eugenia, y otras cuestiones políticas y económicas que solventaron el Rey y el Conde Duque de Olivares.
La legación salió de Roma la mañana del 31 de enero de 1626.  En el puerto de  Civitavecchia embarcó en cinco galeras pontificias que avanzaron costeando hasta llegar a Barcelona el 18 de marzo y de allí se dirigieron por tierra hasta Madrid.
El diario del que se conservan dos ejemplares manuscritos en la Biblioteca Apostólica Vaticana, no fue hecho para su publicación, sino para la lectura personal, la del Cardenal y su entorno, así como el de la Academia dei Lincei. El diario está repleto de interesantes descripciones propias de un erudito de actitud lincea, como observaciones naturalistas, costumbristas, antropológicas y artísticas.
La parte del relato del Diario que hace referencia a Murviedro corresponde al regreso de la legación papal desde El Grao de Valencia hasta Roma. En la ciudad de Valencia estuvieron cinco días, hospedándose en el Palacio Real y se hace especial mención de la visita al Real Colegio del Corpus Christi, más conocido como Colegio del Patriarca, donde admiraron el manuscrito hológrafo de Tomás Moro, De Tristizia Christi o Expositio passionis.
La tarde del 25 de Agosto de 1626 zarpaba la legación de El Grao rumbo a Barcelona:
“Partimos a remo viéndose la playa de todos los alrededores de El Grao llena de carrozas e infinita gente que allí permanecieron hasta que pudieron divisar con claridad las dichas galeras, y esto pese a un sol fortísimo que hacía aquel día. Navegamos durante toda la noche con vientos favorables con lo que pudimos recorrer un poco más de doce millas  divisándose Morviel, llamado quasi muri veteres porque está construido a partir de las ruinas del famoso Sagunto, del cual aún hoy día se ven algunos vestigios, como por ejemplo un trozo de fábrica que se cree que fue un anfiteatro. Encontramos allí una imagen de Aníbal en piedra y algunas otras donde se representa el ariete y otros instrumentos de guerra, así como varios fragmentos de muro de aquellos tiempos y se dice también que en aquellos alrededores hay un canal donde entra el agua del mar que es como un gran lago, en el cual hay peces de mar de muchos tipos y en el que dicen que dejan salir parte de agua y hacer entrar otra nueva. Esta tierra se llama Morviedro y se encuentra en mitad de una colina no demasiado alta”.

sábado, 29 de febrero de 2020

DOS SABIOS PRUSIANOS EN SAGUNTO: LOS HERMANOS ALEXANDER Y WILHELM VON HUMBOLDT (I)

                  Alexander von Humboldt y su compañero de viaje, Aimé Bonpland


   Dos grandes inteligencias, pioneras en los diversos saberes del último tercio del siglo XVIII y primero del XIX, se dieron cita en la por entonces llamada ciudad de Murviedro. Fue casi simultánea su estancia en Sagunto. Primero fue la visita del hermano menor, Alexander, -representante de las ciencias empíricas: la geología, la astronomía, la botánica-, en los primeros meses del año 1799; y un poco más adelante, en marzo de 1800, sería el mayor, Wilhelm –representante de la filología y otros saberes humanísticos- quien acercara a nuestra ciudad su entusiasmo y su sabiduría que se vio reflejada en un extraordinario opúsculo-carta dirigido a su amigo y maestro estimadísimo, Johann Wolfang Goethe. Aunque un misma ansia de conocimiento y un mismo ímpetu de exploración guio a ambos hermanos, fueron sus visiones y sus proyectos, así como sus vivencias, divergentes. Como confrontadas fueron sus llegadas al mismo destino de Sagunto: Alexander, desde el norte, proveniente de Barcelona y Tarragona, mientras que Wilhelm se acercaría desde el sur, después de una breve estancia en Alicante y Valencia. 

   Alexander, quien había entrado a España por la Junquera el 3 de enero de 1799, junto a su compañero, el biólogo francés Aimé Bonpland, comenzaba en nuestras tierras una gran aventura científica que le llevaría a recorrer gran parte de la América del Sur. Fueron tres las ocasiones en que visitó nuestra ciudad: la primera fue hacia mediados del mes de enero de 1799, después de realizar algunas excursiones a Mosntserrat y Tarragona; la segunda fue el 31 de enero, en el trayecto de su viaje desde Barcelona a Valencia, donde llevó a cabo mediciones de las ruinas, ya que debido a la nubosidad en su primera estancia, no había podido realizarlas; y, finalmente, el día 9 de febrero volvió de nuevo a visitar el castillo. Aunque, por desgracia, no se ha conservado la parte de su Diario correspondiente al periplo español, en varias de sus cartas y en algunas de sus obras y artículos podemos rastrear el paso de Alexander Humboldt por nuestra tierra. Cuatro son las ocasiones en que Alexander alude en su obra a Sagunto: En la carta que dirige a Franz Xaver von Zach, leemos: “Las mediciones que más me gustó realizar son las que, con todo cuidado, llevé a cabo el 17 y el 21 de Pluviosê por encima de Valencia y desde la vieja Sagunto…La primera vez que visité las ruinas de Sagunto, el castillo de Murviedro, las nubes me impidieron realizar mediciones. El 12 de Pluviosê regresé allí y coloqué mi horizonte a unos 200 metros al sur del anfiteatro, en dirección a las ruinas del templo de Diana, y hallé la latitud de Murviedro y Sagunto a 39º 40´ 40´´, mientras que Tofiño da 39º 40´ 10´´. La longitud es 10´ 14´´ oeste”. Y en la carta que dirige al botánico Wildenow, dice: “No digo nada [refiriéndose a las maravillas y excelencias de las tierras que visitaba] de Tarragona, de la montaña de Murviedro, ni del templo de Diana de la antigua Sagunto, de su anfiteatro inmenso ni de la torre de Hércules de donde se pueden divisar las torres de Valencia por encima de un bosque de dátiles”. También encontramos alusiones, aunque escuetas, en su Recueil d´Observations astronomiques, en el Ensayo político sobre el Reino de Nueva España, y en su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, donde dictamina: “En Murviedro (la antigua Sagunto) determiné la posición de las ruinas del templo de Diana, cerca del convento de los Trinitarios. Estan ruinas están a 39º 40´ 26´´ de latitud, y 0h. 10´ 34´´ de longitud”.

sábado, 9 de marzo de 2019

EL POEMA COMO COMBATE INTERIOR, DE JEAN STAROBINSKI







El combate está en todas partes, para el poeta. A su alrededor, dentro de él, existe algo que lo reprime o lo somete, y de lo cual hay que dar razón. Algo que debe ser roto, o embelesado, o incluso liberado. (En el mito griego, se lanzan pasteles de miel, la música conduce a los monstruos que prohíben el acceso a las entradas más profundas.) Siempre existe este adversario anónimo que se interpone en el camino de la boca que pronuncia, ese vacío que busca captar las palabras a medida que nacen. Hay fronteras que deben ser rotas, intensidades que deben ganarse ante el frío y la indiferencia, tanto dentro como fuera. Y debemos forzar las defensas de estas realidades salvajes en las que buscamos la amistad...
El combate está en todas partes. Su término extremo es la tensión heroica. ¿Pero no está la confrontación ya comprometida desde los primeros movimientos de la poesía y los alineamientos  más simples del canto, incluso cuando no se busca desarrollar una ambición "superior"? Desde el momento en que el poeta recibe la primera llamada interior que le pide que se convierta en una voz, desde la primera emoción de la palabra, debe saber cómo superar todos los poderes que reprimen su canto, debe superar ese silencio que se opone al estallido de las palabras, para liberar así las imágenes que la inercia detienen. El canto más ingenuo, la línea melódica más humilde existe solo al precio de una victoria siempre amenazada por una "materia" opuesta que se le resiste. Es en este material miserable y vacío en el que el poema se registra, es en él que muerde -como si fuera un golpe de fuego en un bloque de noche o en la nada masiva. Es necesario para la palabra este negativo que la hace existir en el rechazo: así puede ella hacérsenos visible, desprenderse de lo que la rechaza y la niega- la letra negra sobre el blanco de la página. Esta resistencia muda es el auténtico soporte del poema; y, como las figuras en la pantalla, las palabras se forman en esta impenetrable y ligera opacidad que parece formada con las cenizas de todas las palabras perdidas…
Hay algo inasible en esto que toma consistencia oponiéndose al canto, un límite que se está reformando siempre más lejos, a medida que pensamos que lo creemos rebasado. Solo quizá lo supere el silencio que el poema crea para absorberlo, ese silencio de antes de las palabras que perseguimos pensando en la victoria... Pero el infierno (o los cielos) son siempre más vastos que el campo de Orfeo. Un aire inviolado circunda las palabras más altas. Su propulsión hacia el espacio espiritual no las llevará más lejos (al menos por esta vez). Pero allí donde muere la última onda del campo, frente a ese extraño para siempre, extraño que ya no tiene fuerza para invadir nada, allá donde el canto se extingue ante lo que ya no le pertenece, allá donde se reencuentra "el otro" irreductible, allá donde están las fronteras verdaderas de la poesía, allá la línea ideal traza el rostro de un poeta.
Lo  insuperable se posa sobre su faz y atrapa la imagen como el velo de la Verónica. El retrato del poeta está en los confines de su canto; para nosotros, ese límite sigue siendo secreto. ¿Hay alguna vez algo que termine definitivamente? ¿No queda el futuro abierto a esta música que crece como un árbol en la libertad del cielo? Porque las grandes obras tienen el don de crecer con el tiempo, aunque la mano que las conformó ya se haya congelado.


Jean Starobinski, La Beauté du monde. La littérature et les arts, Gallimard, Paris, 2016.


(Nota bene: El pasado 4 de marzo nos dejaba en Morges, a orillas del lago Lemán, el ginebrino Jean Starobinski. Su magnífica obra, sus lecturas, su visión imaginativa, su erudición, nos seguirán acompañando en el viaje prodigioso por los textos, mostrándonos nuevas maravillas de tierras incógnitas. Sit tibi terra levis, magister.)

viernes, 29 de diciembre de 2017

NUEVA PUBLICACIÓN: SENDAS



Este libro recoge los poemas que desde 2009 he ido publicando en el blog Sendas y divagaciones. Está dividido en dos volúmenes: el primero recoge los poemas propios y el segundo las traducciones que fui ofreciendo de aquellos poemas que, por diversas circunstancias, se me hizo premiosa su versión al castellano. En la selección de poetas y poemas no hay ninguna premisa previa, fueron azarosamente trabajados, guiado por la necesidad poética y el deleite que la traducción me deparaba; únicamente los une, creo yo, la matriz latina de la lengua de origen.

 

Sendas, que bien tracé o bien trazaron otros, quiere exponer distintas voces que nos ayuden a recorrer los viejos temas de la poesía, o, lo que es lo mismo, de la vida: el tiempo y la naturaleza; la muerte o la dicha de vivir; el asombro y el estupor.

 

Podéis conseguir los libros accediendo al siguiente enlace:

 

 http://sendas.bigcartel.com/product/sendas

lunes, 23 de octubre de 2017

EL VIAJE AL INFRAMUNDO Y EL (RE)CONOCIMIENTO (I)




En la mítica obra de la Antigüedad clásica, la Odisea, encontramos un curioso pasaje que nos permite conectar el mundo clásico antiguo con el mundo medieval occidental, más concretamente, nos permite enlazar a Homero con Dante. El nexo de unión será el inframundo, el país de los muertos -en un caso la morada del Hades pagano, en el otro, el Infierno cristiano- y el viaje como conocimiento.
Nos referimos al Canto XI en el que Homero relata el viaje que Ulises y sus hombres realizan al Hades –aconsejados por Circe- para preguntar a Tiresias por el camino de regreso a Ítaca. Allí se encontrará Ulises no sólo con el célebre adivino, personaje del Edipo, Rey, de Sófocles, sino que deambularán y hablarán con él otros personajes míticos, de entre los cuales destaca el encuentro de Ulises con su madre.
Ulises, cuenta Homero, se dirigió con sus hombres, en el negro bajel, a los confines del Océano y, después de coger unas ovejas de la ciudad de los Cimerios para su sacrificio, se encaminó donde le dijo Circe:

"Allí Perimedes y Euríloco sostuvieron las víctimas, y yo, desenvainando la aguda espada que cabe el muslo llevaba, abrí un hoyo de un codo por lado; hice a su alrededor libación a todos los muertos, primeramente con aguamiel, luego con dulce vino y a la tercera vez con agua y lo despolvoree todo con blanca harina. Acto seguido supliqué con fervor a las inanes cabezas de los muertos, y voté que, cuando llegara a Ítaca, les sacrificaría en el palacio una vaca no paridera, la mejor que hubiese, y que en su obsequio llenaría la pira de cosas excelentes, y también que a Tiresias le inmolaría aparte un carnero completamente negro que descollase entre nuestros rebaños. Después de haber rogado con votos y súplicas al pueblo de los difuntos, tomé las reses, las degollé encima del hoyo, corrió la negra sangre y al instante se congregaron saliendo del Erebo, las almas de los fallecidos: mujeres jóvenes, mancebos, ancianos que en otro tiempo padecieron muchos males, tiernas doncellas con el ánimo angustiado por reciente pesar, y muchos varones que habían muerto en la guerra, heridos por broncíneas lanzas, y mostraban ensangrentadas armaduras: agitábanse todas con grandísimo murmurio alrededor del hoyo, unas por un lado y otras por otro; y el pálido terror se enseñoreó de mí. Al punto exhorté a los compañeros y les di orden de que desollaran las reses, tomándolas del suelo donde yacían degolladas por el cruel bronce, y las quemaran inmediatamente, haciendo votos al poderoso Hades y a la veneranda Persefonea; y yo, desenvainando la aguda espada que cabe al muslo llevaba me senté y no permití que las inanes cabezas de los muertos se acercaran a la sangre antes que hubiese interrogado a Tiresias.

(………)

Diciendo así, el alma del soberano Tiresias se fue a la morada de Hades apenas hubo proferido los oráculos. Mas yo me estuve quedo hasta que vino mi madre y bebió la negruzca sangre. Reconocióme de súbito y díjome entre sollozos estas aladas palabras:

—¡Hijo mío! ¿Cómo has bajado en vida a esta obscuridad tenebrosa? Difícil es que los vivientes puedan contemplar estos lugares, separados como están por grandes ríos, por impetuosas corrientes y, principalmente, por el Océano, que no se puede atravesar a pie sino en una nave bien construida. ¿Vienes acaso de Troya, después de vagar mucho tiempo con la nave y los amigos? ¿Aun no llegaste a Itaca, ni viste a tu mujer en el palacio?

Así dijo; y yo le respondí de esta suerte:
—¡Madre mía! La necesidad me trajo a la morada de Hades, a consultar el alma de Tiresias el tebano; pero aún no me acerqué a la Acaya, ni entré en mi tierra; pues voy siempre errante y padeciendo desgracias desde el punto que seguí al divino Agamemnón hasta Ilión, la de hermosos corceles, para combatir con los troyanos.

Mas, ea, habla y responde sinceramente: ¿Cuál hado de la aterradora muerte acabó contigo? ¿Fue una larga enfermedad, o Artemis, que se complace en tirar flechas, la que te mató con sus suaves tiros? Háblame de mi padre y del hijo que deje, y cuéntame si mi dignidad real la conservan ellos o la tiene algún otro varón, porque se figuran que ya no he de volver. Revélame también la voluntad y el pensamiento de mi legitima esposa: si vive con mi hijo y todo lo guarda y mantiene en pie, o ya se casó con el mejor de los aqueos.

Así le hablé; y respondióme en seguida mi veneranda madre:

—Aquella continúa en tu palacio con el ánimo afligido y pasa los días y las noches tristemente, llorando sin cesar. Nadie posee aún tu hermosa autoridad real: Telémaco cultiva en paz tus heredades y asiste a decorosos banquetes, como debe hacerlo; el varón que administra justicia, pues todos le convidan. Tu padre se queda en el campo, sin bajar a la ciudad, y no tiene lecho ni cama, ni mantas, ni colchas espléndidas: sino que en el invierno duerme entre los esclavos de la casa, en la ceniza, junto al hogar, llevando miserables vestiduras; y, no bien llega el verano y el fructífero otoño, se le ponen por todas partes, en la fértil viña, humildes lechos de hojas secas donde yace afligido y acrecienta sus penas anhelando tu regreso, además de sufrir las molestias de la senectud a que ha llegado. Así morí yo también, cumpliendo mi destino: ni la que con certera vista se complace en arrojar saetas, me hirió con sus suaves tiros en el palacio, ni me acometió enfermedad alguna de las que se llevan el vigor de los miembros por una odiosa consunción; antes bien la soledad que de ti sentía y la memoria de tus cuidados y de tu ternura, preclaro Odiseo, me privaron de la dulce vida.

Así se expresó. Quise entonces efectuar el designio, que tenía formado en mi espíritu, de abrazar el alma de mi difunta madre. Tres veces me acerqué a ella, pues el ánimo incitábame a abrazarla; tres veces se me fue volando de entre las manos como sombra o sueño. Entonces sentí en mi corazón un agudo dolor que iba en aumento, y dije a mi madre estas aladas palabras:

—¡Madre mía! ¡Por qué huyes cuando a ti me acerco, ansioso de asirte, a fin de que en la misma morada de Hades nos echemos en brazos el uno del otro y nos saciemos de triste llanto? Por ventura envióme esta vana imagen la ilustre Persefonea, para que se acrecienten mis lamentos y suspiros?

Así le dije; y al momento me contestó mi veneranda madre:


—¡Ay de mi hijo mío, el más desgraciado de todos los hombres! No te engaña Persefonea, hija de Zeus, sino que esta es la condición de los mortales cuando fallecen: los nervios ya no mantienen unidos la carne y los huesos, pues los consume la viva fuerza de las ardientes llamas tan pronto como la vida desampara la blanca osamenta; y el alma se va volando, como un sueño. Mas, procura volver lo antes posible a la luz y llévate sabidas todas estas cosas para que luego las refieras a tu consorte".

(Traducción de Lluís Segalà i Estalella)




domingo, 28 de agosto de 2016

NOTAS DEL BÁLTICO






CAMAROTE

Llueve en el mar de cristal y las regatas dibujan senderos imprevisibles. Tensada la flecha de la vida es la estela que me lanza a un viaje de puertos ignorados.







GAVIOTAS

Muestran sus picos amarillos y otean nuestras vidas desde lo alto. No nos despiden en nuestra partida, celebran el juego del movimiento, la fuerza del aire cálido del barco, encandiladas de las ráfagas chispeantes de nuestras cámaras.




CONVERSA AMB JOSEP PIERA

  Ayer por la tarde, Josep Piera nos dejó para emprender un nuevo viaje. Hace unos años, en el 2021, comencé a leer su Poesía completa , edi...